miércoles, 10 de septiembre de 2014

Fotoperiodistas. Pedro Valtierra.

Pedro Valtierra: En los ojos de un fotógrafo
Por Abraham Gorostieta


Pedro Valtierra es un personaje singular en México. Un self sade man. Casi cuatro décadas de fotografiar a un país que siempre esta en permanente convulsión. Su lente ha registrado en luces y sombras casi medio siglo del país a través de personajes de la política, de la cultura, de la sociedad. La curiosidad, intangible en todo periodista, ha llevado sus pies por Centroamérica, principalmente Nicaragua, país que se sumergía en la guerrilla y, en medio de las balas, el jovencito Valtierra, cámara en mano, también disparaba. No con un fin ideológico sino simplemente registraba un país en el olvido, pobre y jubilosamente bélico.
La curiosidad nunca descansa, no duerme. Se apodera del periodista y lo hace mover de nuevo los pies. Esta vez llega más lejos: la República Árabe Saharaui Democrática. Desierto y guerra. Escenas de revuelta y rebelión. Curiosidad maldita que mueve los pies de nuevo. Pedro Valtierra registró a través de su ojo el éxodo del Mariel en Cuba en 1980.
“El fotógrafo vive para la cámara”, confesó alguna vez Héctor García. La afirmación es cierta, contundente. Curiosidad oportuna, a través de sus ojos vimos reflejadas las imágenes del terremoto que destruyó una parte de la ciudad de México. En el libro Nada, Nadie de Elena Poniatowska las historias ahí narradas desgarran el alma, las fotografías, en su mayoría tomadas por Pedro Valtierra calan más hondo, mueven al escalofrío.
Curiosidad que mantiene a la expectativa a un país que despertaba con jaqueca un primero de enero de 1994. El fotógrafo Valtierra, como pocos, supo que la imagen es decisiva, irrefutable y es así como consigna la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en la Selva Lacandona.
Curioso permanente, Valtierra aconseja: “La fotografía se hace con la cabeza y el corazón y es por eso que la imagen dialoga con el que la mira”.

Voy a ser fotógrafo no más.

Considerado por sus amigos, por la crítica y por los académicos como uno de los mejores promotores de la fotografía documental de México, Pedro Valtierra es incansable. Fundador de la Fototeca de Zacatecas Pedro Valtierra, ha colaborado en los libros La Batalla por Nicaragua, editado por Unomásuno; Nicaragua, un país propio, editado por la UNAM; El Poder de la Imagen y la Imagen del Poder, editado por  la Universidad Autónoma de Chapingo; Imágenes de La Jornada, editado por el propio diario; Nicaragua, una noche afuera, con un texto de Jaime Avilés; Zacatecas, editado por la Universidad Autónoma de Zacatecas, el Colegio de Bachilleres, el gobierno del estado de Zacatecas y la agencia Cuartoscuro.
A lo largo de su trayectoria como fotoperiodista, en México, Canadá, Cuba, España, Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Venezuela, Ecuador, Guatemala y Costa Rica, Pedro Valtierra ha montado cerca de 300 exposiciones, individuales y colectivas.
No es un baby boomer pues nace en 1955, en Fresnillo, Zacatecas, tierra ganadera y de yacimientos ricos en plata, cobre, plomo, magnesio, hierro y cinc. Sus padres, campesinos, le hicieron ver que la cultura del esfuerzo rinde frutos. Valtierra cuenta:

Mi padre fue un campesino. Hombre trabajador y luchón. Trabajó muchos años en Mica y de muchas cosas: como carpintero, como albañil, como velador. Yo creo que a mi padre de veras le gustó mucho ser carpintero. Le gusta mucho trabajar el tallado de la madera; tiene dotes y cualidades pero las necesidades diarias no le permitieron ahondar en ellas. Nos tenía que sacar adelante. En estos últimos años él se dedica a esto de tallar madera. Ahora tiene 86 años.

Pedro Valtierra está sentado en su escritorio. Atrás de él una pintura enorme abarca casi toda la pared, su paleta de colores es cargada a los cálidos. Sobre su escritorio, seis, siete periódicos: Milenio, Reforma, El Universal, El Financiero, La Jornada, 24 Horas, El País. Hombre robusto, de hombros macizos y de manos que dan un fuerte apretón. Moreno. Viste mezclilla, ropa de chamba. De repente, las oficinas de Cuartoscuro, su agencia fotográfica se llena de olor a café: “Los fotógrafos deben saber hacer un buen café y lavar su taza” dice y en seguida le da un sorbito a su humeante taza, apenas si se moja los labios.

Viví en un rancho hasta los 12 años. Heredé de mis padres el gusto por la chamba y de él la herencia creativa. Al igual que mi padre también tuve muchos oficios: fui albañil, mecánico, vendí discos en la calle, vendí ropa en el mercado de Cartagena con paisanos zacatecanos. En Zacatecas cuidaba chivas, vendía periódicos en la calle, El Heraldo de Zacatecas, El Sol de Zacatecas. La necesidad te hace tener muchos oficios.

Llegó a la ciudad de México siendo un jovencito, a los 15 años de edad. En 1970, la ciudad de México tenía una sociedad con heridas frescas que en dos años no cicatrizaban. Aún  así la noticia más importante en ese entonces era la inauguración de las primeras líneas del metro. La curiosidad y el temor que causaba abordarlo. A esta ciudad llega el joven Valtierra y pronto se pone a trabajar como bolero en la residencia presidencial, Los Pinos.

Ser bolero me llevo a bolear a Los Pinos, primero afuera y luego, un día faltó el bolero del Estado Mayor Presidencial y me quede a bolear ahí, adentro, en su lugar. Le daba bola a los reporteros de la fuente o a periodistas que iban y muchos de los que estaban ahí, y todavía siguen pues me tocó darles bola.

Pero un mundo mágico apareció ante sus ojos: la Fotografía. “Un día subí a darle grasa a los laboratoristas del cuarto oscuro. Empecé como asistente del laboratorio. Poco después me nombraron conserje de Los Pinos”, cuenta el fotógrafo. En 1973 es auxiliar de laboratorio “los fines de semana apoyé a los fotógrafos de Presidencia. Al mismo tiempo inicié mis estudios en el CCH Naucalpan”. Dos años después se convirtió en fotógrafo de la Presidencia de la República. Valtierra le da otro sorbo a su café, pasa el trago y narra:

Un día conocí el laboratorio de fotografía de Los Pinos y vi como revelaban y como imprimían. El cuarto oscuro. La luz ámbar y me gustó mucho. Me apasionó y ahí me quede y ahí aprendí el oficio de fotógrafo en el laboratorio de Los Pinos con Manuel Madrigal, con Leopoldo Morales que eran los laboratoristas, con Gordoa, con El Chino Pérez. Ellos me enseñaron pues yo era un joven de 16 años y ahí aprendí el oficio de fotógrafo y tuve muchas ventajas, pues me enseñaron desde trapear los pisos hasta preparar los químicos de revelado. No voy a decir que soy bueno en eso pero aprendí la técnica, digamos, el valor de la hidroquinona y todo eso y así empecé. Después comencé a agarrar la cámara pero si es muy importante que conozcas el laboratorio. No hablo bien de mí, sino así es la vida, así es el trabajo y aprendí gracias a que existían estas gentes que fueron generosas conmigo.

Cuando termina el sexenio de Luis Echeverría todo en Los Pinos se renueva. El equipo de fotografía que llegaba con José López Portillo lo quita como fotógrafo y lo regresa al laboratorio. Para ese entonces a Pedro Valtierra nadie lo separaría más de una cámara. Renuncia a su trabajo y se va probar fortuna en El Sol de México cuyo editor era Benjamín Wong “ahí empecé a escribir y fotografiar al mismo tiempo”, dice Pedro y prosigue:

Una vez que terminé mis estudios en el CCH en Naucalpan, fui a inscribirme a la Facultad de Ciencias Políticas en la UNAM. Ahí hice el primer año y nada más. En 1977 comencé a reportear en El Sol del mediodía y pues me mandaban a hacer notas de los basureros o de diversos temas. Al diario le convenía que yo hiciera notas y que tomara fotos. El editor era Benjamín Wong, luego Ruiz Amieda, Magdaleno Saldivar, Carlos Figueroa. Carlos Figueroa me apoyaba mucho, me mandaba a hacer reportajes y escribía yo mis notas y metía mis fotos. En un momento pensé dedicarme a escribir y no hacer fotos pero lo que a mi me apasionaba era tomar fotos. Fue en El Sol de mediodía donde decidí mi destino. Tenía órdenes de cubrir conferencias. Notas y fotos. No hacia bien ni la una ni la otra pues necesitaba estar concentrado para tomar fotos y necesitaba estar concentrado para escuchar la conferencia y tomar datos. Entonces se me iban muchos datos o muy buenas fotos. Si yo estaba en el diarismo era bastante complicado. Eran tres órdenes de fotos y cubrir dos notas.

Y sin más decidió seguir sus convicciones y la imagen le gano a la palabra. Pedro Valtierra tomó la cámara y abandonó las notas. Presente en el ambiente periodístico de esos años estaba en la mente de todos lo ocurrido en Excélsior. La fotografía tomada por Juan Miranda ya era legendaria: Julio Scherer saliendo del periódico flanqueado por Abel Quezada y por Gastón García Cantú. Atrás, todos los reporteros y algunos editorialistas que estaban y acompañaban al director depuesto. Este hecho, por sí solo, creo dos proyectos: Proceso y Unomásuno. Pedro Valtierra se incorpora al segundo.

Becerra Acosta es un personaje poco estudiado

El periodista Raymundo Riva Palacio en uno de sus análisis que hace sobre la prensa mexicana reflexiona: “Con todo lo simbólico que ha representado el caso Excélsior en las relaciones de la prensa y el poder en México, aquél no era un proyecto de cambio como lo fue, con derecho ganado, Unomásuno. No fue Excélsior un periódico que apostó por la transformación de la sociedad y que reconoció la diversidad de la reconstituida sociedad mexicana. A diferencia de Unomásuno, con la excepción de Heberto Castillo. Excélsior nunca abrió sus puertas a la izquierda, ni introdujo reformas estructurales a la manera de cómo hacer periodismo”.
Dentro de las innovaciones de las que habla Riva Palacio, Unomásuno introdujo el tamaño tabloide francés para un diario de información general pues solo este formato estaba pensado para diarios deportivos o de nota roja. Rompió también con el criterio anglosajón que dictaba la norma de tener páginas editoriales fijas, colocando la opinión a lo largo de sus diferentes secciones. Introdujo elementos interpretativos en los géneros de noticia y reportaje. Se quitó el pesado conservadurismo del lenguaje y lo liberó. Y al final, no sin ser tan importante como las anteriores, la fotografía obtuvo un lugar preponderante, lo cual innovaría el periodismo fotográfico y crearía una escuela que ha generado talentos reconocidos internacionalmente.
En el libro Manuel Becerra Acosta de Alegría Martínez el propio Becerra dice: “La fotografía cobró más importancia en nuestro diario, por algo los fotógrafos son mis amigos. Encontraron el afecto, el aprecio que les solía faltar, la atención hacia su obra, el estímulo. Un fotógrafo asistía a las juntas de evaluación. Es hasta que llega Unomásuno  que se toma en cuenta el trabajo de los fotógrafos”.   
Pedro Valtierra reflexiona sobre esto:

El Unomásuno es de los primeros periódicos que le dan esta importancia a la fotografía, de los primero de la época contemporánea. Hay otras revistas y otros medios que lo hicieron antes, claro, pero no diario y de manera tan destacada. Fue idea de don Manuel, pues en el Excélsior de Scherer no se practicaba, por lo menos con está claridad no. Unomásuno lo practica en una actitud absolutamente periodística sin atender a intereses del gobierno sino atender a los intereses de la sociedad –de pronto, explicar esto en la actualidad es complicado-. Becerra Acosta atendía siempre intereses de la sociedad, no del Estado. Ahora muchos medios atienden intereses del Estado y no de la sociedad ni de sus lectores.

Pedro Valtierra va en su tercera taza de café. La revista Foto Zoom lo nombró el fotógrafo de prensa de la década 1975-85. En 1983 recibe el Premio Nacional de Periodismo en fotografía. Valtierra trabajaba en el Unomásuno. El legendario director estimulaba a sus fotógrafos. Pedro recuerda así a Becerra:

Me hubiera gustado ser su amigo. Le tengo mucha admiración. Trabajé con él. Estoy muy agradecido porque me dio la oportunidad de estar en el Unomásuno y por haberme apoyado tanto. No solo al ser fotógrafo en las guerrillas centroamericanas sino también en otros temas que cubrí. Quiero decir que Manuel Becerra Acosta es un gran personaje no solo para el periodismo mexicano, es un gran personaje poco estudiado, poco analizado. Siempre he trabajado con mucho entusiasmo con los reporteros. He fotografiado a muchos personajes del ámbito político, cultural y social de México y no solo personajes importantes, que lo son, sino también personajes de la vida, personajes que realmente tienen mucho que decir y eso me apasionado mucho.

Cuenta Alegría Martínez sobre Becerra Acosta: “Podía nadar libremente en la mirada del otro y con lo que descubría su inteligencia y su intuición armaban una suerte de gran rompecabezas que era su mecanismo para relacionar intenciones y sucesos; todo eso integraba algo de su ganancia previa. Era parte de su eterno afán lúdico, pero a veces su estado de ánimo o los acontecimientos le eran adversos, y entonces el juego dañaba la comunicación: él, empecinado en que uno le dijese con palabras claras algo difícil de embonar en el lenguaje, le gustaba jugar a la contra”.
Valtierra cuenta una anécdota:

Llegue de mi primer viaje a Nicaragua. Iba con Guillermo Mora Tavares. Nos habían expulsado del país pues habíamos hecho una entrevista a Sergio Ramírez en Managua y a Tirado López en Costa Rica. Al regresar a Managua, la policía nos detiene y nos suben al avión para México. Todo un escándalo. Al llegar a México nos recibe Becerra Acosta y nos pregunta a Mora Tavares y a mí “Haber, ¿Qué pasó?”. Le narramos lo sucedido, sobretodo Mora Tavares fue el que habló. Manuel Becerra lo escucha y luego le dice unas palabras y se despiden. Becerra Acosta, todo un personaje, un gran hombre, todo un actor histriónico. Me detiene y me pide que me quede –yo tendría 23 años- y me dice: “Ahora sí, dígame que sucedió”. Él sabía y él conocía a su gente.

Pedro Valtierra cubrió para el Unomásuno el conflicto del Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua en 1979. “Fue una guerra que duró mucho tiempo. Estuve mes y medio. Pero en la guerra el tiempo es otro. Estaba solo con los otros corresponsales. Tenía que planear mi día, hacer mi agenda, revelar, imprimir, transmitir mis imágenes. Mi base era Managua, la capital, pero estuve en León Estelí, y otras ciudades”, cuenta el fotoperiodista.
El Jefe de información del Unomásuno en 1979 era Marco Aurelio Carballo y el periodista Rafael Cardona lo sustituía de vez en cuando. Es Cardona quien lo envía a Nicaragua. “Alguna vez le pregunte porque me había enviado –cuenta Valtierra- y me dijo, ‘pues porque me gustaba como trabajabas y las ganas que tenías’. De los ocho fotógrafos que estábamos, a mí me escogieron y yo tenía ganas de ir”. Valtierra explica como fue que se decidió irse a un conflicto armado y regístralo en imágenes:

Ahora no iría a cubrir conflictos armados. Los conflictos armados de ahora son iguales a los que yo cubrí. Me interesa el tema de la guerra: Sí. Pero me interesa como cualquier otro tema. ¿Me gusta el tema de la guerra? Sí, me parece interesante pues hay mayores posibilidades de fotografiar buenas imágenes en la guerra que en la paz. ¿Qué es lo que me motiva? Pues las ganas de hacer cosas diferentes, eso no nos convierte en mejores hombres o en superhéroes. Además había un contexto latinoamericano. Me considero una persona que se preocupa por su país, por su sociedad, por los seres humanos. Con la fotografía como fotoperiodista, no digo que se van a resolver las cosas pero contribuyo a informar lo que a mi me corresponde. Lo que yo veo, lo que yo pienso.

En 1983, por una disputa de poder, Unomásuno se fracturó. El subdirector Carlos Payán; el subdirector editorial, Miguel Ángel Granados Chapa; la subdirectora de información, Carmen Lira; y del jefe de redacción, Humberto Mussachio junto con el asesor de la dirección, Héctor Aguilar Camín salen del diario. Seis días después 45 escritores y editorialistas renuncian. Doce días más adelante, Fernando Benítez deja el periódico y la dirección del suplemento Sábado. La mayoría de los renunciantes, funda el diario La Jornada.

Nunca he creído en el divisionismo

Valtierra sale del Unomásuno junto con Miguel Ángel Granados Chapa, ambos son fundadores del diario La Jornada en donde es jefe de fotografía por dos años. El año de 1984 fue productivo para Valtierra pues organizó y dirigió la Agencia Imagenlatina. En ese año imparte talleres y conferencias de fotoperiodismo mexicano contemporáneo a  medios de comunicación y universidades. También recibió el Premio de Adquisición en la Primera y Segunda Bienal de Fotografía del INBA. La Asociación de Reporteros Gráficos de la Ciudad de México lo reconoce por la mejor foto del año. Dos años después es editor del suplemento Cuartoscuro del periódico Las Horas Extras, editado por Víctor Roura. Ese mismo año recibió la Medalla de Plata en Moscú que otorga la Organización Internacional de Periodistas.
Sobre esos años Valtierra refiere:

Salgo del Unomásuno junto con Miguel Ángel Granados Chapa y un grupo de periodistas y fundamos La Jornada. Va a sonar egocéntrico pero yo fui el único fotógrafo que salió del Unomásuno cuando se divide el periódico. Nunca lo había dicho pero lo digo porque de repente pasan cosas curiosas en este medio o versiones de gente que son apócrifas, hay fotógrafos que cuentan la historia de la ruptura en Unomásuno y la verdad es que en esa época ni habían nacido. Me salgo creyendo en el proyecto de Payán, de Granados Chapa, de Mussachio, de Lira y Aguilar Camín. No estaba del todo convencido del proyecto. Le tenía mucho cariño y respeto a Becerra Acosta. No estaba muy seguro de lo que íbamos a iniciar pero me tenía que decidir y me decidí por ese grupo ya convencido de que uno no puede ser de medias tintas. Fui jefe de fotografía de La Jornada, hice el proyecto en el diario, junte a la gente necesaria, le di estructura a ese departamento.

Entre 1991 y 1992, La Jornada entra en conflictos internos. El grupo que lo fundó estaba dividido en distintos bloques y se enfrentaban entre sí. Pero en sí eran tres grupos: Aguilar Camín comandaba uno, que se apoyaba en los intelectuales del grupo Nexos que escribían en el diario. Otro era el grupo de Carlos Payán, que era el más numeroso y el que controlaba más acciones y, un tercer grupo, que lo encabezaba Miguel Ángel Granados Chapa que, al no ser designado como director –en una asamblea se modificaron los estatutos para permitir la reelección de Payán- renunció al diario. Valtierra abunda sobre los hechos: 

En La Jornada estuve dos años pues entramos en un conflicto interno y me salgo, nuevamente, junto con Granados Chapa. No es que estuviera reñido con los colegas sino al contrario, yo estaba con todos, con todos. Nunca he creído en el divisionismo, desde el Unomasuno. En La Jornada se dividió el grupo y yo hice todo lo posible porque eso no sucediera. Hubo factores que llegaron y que fueron determinantes para que el grupo se terminara dividiendo. Yo nunca estuve de acuerdo. Pienso que vale la pena, vale mucho la pena sacrificar tus proyectos personales con tal de mantener –en el caso del periódico- la unidad. Me parece que nos hubiera ido mucho mejor, en todo, pues era una gran propuesta. Salgo junto con Granados Chapa porque teníamos un proyecto.

En 1990, junto con Miguel Ángel Granados Chapa fundan la revista Mira en donde es director por dos años. Un año después nace la revista Cuartoscuro que se apoyaba en la agencia fotográfica del mismo nombre fundada por Pedro en 1986. En 1994 obtiene el segundo lugar en el concurso “México en la Encrucijada”, celebrado en Munich, Alemania, y ese mismo año es elegido como el fotógrafo del año en prensa por la revista La Diosa de la Luz. El año de 1994 es convulsivo en la vida mexicana y los diarios necesitaban a experimentados fotoperiodistas que dirigieran sus departamentos de fotografía, es así que por segunda ocasión, fue coordinador y editor de fotografía en La Jornada hasta el fin del milenio.

El derecho a reservar tu propia imagen

Un semanario “para ver, leer y pensar” nace en la ciudad de México el 14 de febrero de 1990. Mira era su cabezal y en el directorio estaba Miguel Ángel Granados Chapa, director general y Pedro Valtierra, director. Este en sí es un acontecimiento, pues era la primera vez que un fotoperiodista llegaba a ese cargo. La revista Mira se presentó así ante sus lectores: “Estamos persuadidos de que satisface un tipo especifico de necesidad informativa, la que en la perspectiva de una semana requiere explicación e interpretaciones, para aliviar perplejidades o suscitar nuevas incertidumbres. Y estamos también convencidos de que un amplio y calificado sector del público, formado en la cultura visual, apreciará el que revaloremos el lenguaje de la imagen como elemento principal y no accesorio del mensaje que proponemos”.
Si Pedro no pudo ser amigo de Becerra Acosta si lo fue de Granados Chapa:

Miguel Ángel fue mi amigo. Un gran comunicador. Estudioso del periodismo entre otras virtudes. Serio, honesto. Con el que compartí varios proyectos. Primero Unomásuno, luego La Jornada, y la revista Mira.

El primer contacto del fotoreportero con el periodista lo narra el propio Valtierra: “Oiga, Pedro, permítame felicitarlo por sus fotos, me dijo con esa voz pausada, suave, nada menos que Miguel Ángel Granados Chapa, subdirector y coordinador editorial de Unomásuno. Era 1980; acaba de regresar de la guerra en Nicaragua, donde había permanecido dos meses y pertenecía a la infantería de la fotografía. Era mi primer cara a cara con él”. Y agrega: “A Miguel Ángel siempre le gustó mucho la foto, lo cual contribuyó a que hayamos trabajado juntos. Es poco conocido su apoyo a los fotoreporteros en las salas de redacción y en la arena pública, como cuando exigimos el derecho de propiedad intelectual sobre las imágenes que tomamos”.
Uno de los varios episodios que vivió está publicación fue una fotografía publicada en portada de uno de los más discretos intelectuales mexicanos: Gabriel Zaid. El escritor no se dejaba ver públicamente y menos fotografiar.
Nos narra el propio Valtierra: “Miguel Ángel me pidió que tomara unas fotos de un encuentro de intelectuales en el Museo de la Ciudad México. Cuando entré al Museo, en el patio central ya no cabía ni un alfiler, pero siempre cabe un fotógrafo. Allí estaban Lorenzo Meyer, Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, Arnoldo Martínez Verdugo, Heberto Castillo, Carlos Fuentes, Carlos Castillo Peraza. Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, me dijo: ‘Mire, Pedro, quiénes están ahí; ahí tiene la foto’. Eran nada menos que Gabriel Zaid y Carlos Fuentes, en plena charla, gesticulando y moviendo las manos con énfasis. Pero tenerlo esa noche frente a mí, a menos de un metro, sin pensarlo mucho, le disparé, ahora sí que a quemarropa, y qué mejor que con Carlos Fuentes. Cada uno representa dos corrientes ideológicas, me dije. Muy quietecito, manteniendo la respiración, levanté la cámara y disparé unas tres ocasiones sin que se dieran cuenta”.
Al día siguiente, Granados Chapa miro las fotografías y seleccionó una donde aparece Gabriel Zaid, su rostro se distinguía bien. Una vez publicado el semanario, la respuesta del escritor fue demandar al par de directores. Además exigía un millón de pesos por haber publicado la imagen sin su autorización. Un escándalo. Pedro Valtierra sonríe, es famoso el hecho y abunda en la anécdota:

En realidad Gabriel Zaid me había dicho que no quería fotos. Hable con él y le dije que no tenía ni una foto de él en el archivo. No Pedro, me dijo. Me evadía, pero nunca me dijo, “nunca me tomes una foto, no me gustan”, ni me dio una explicación, puras evasivas. Siempre me decía: “No, no Pedro, no tengo tiempo”. Entonces lo vi junto con Carlos Fuentes, le tomo la foto y Miguel Ángel decide publicarla en Mira y Zaid nos demanda. Yo no sabía que Gabriel Zaid tenía conflictos con su imagen. Luego él me dijo: “No Pedro, yo le explique muchas veces que no” y yo le dije que no, que él nunca me había explicado nada, simplemente decía que no tenía “tiempo”. Yo no soy un gandalla, si él me explica que no quiere una foto yo lo entiendo. Ahora si él va a un evento público dónde hay muchos fotógrafos y espectadores pues se comprende que alguien puede tomarle una foto. Me cae bien Gabriel Zaid, le tengo cariño y respeto, y el acuerdo de la demanda fue que nunca más volviéramos a publicar la foto, cosa que respetamos y yo he respetado. Cuando sucedió el hecho, muchos colegas y periodistas pues se incomodaron con Zaid y empezaron a publicar la foto de forma retadora.

El efecto espejo I

¿Cómo se considera usted?
Como un trabajador persistente, terco. Como fotógrafo me considero un aprendiz. Como alguien que tiene ganas de hacer las cosas, he aprendido desde que conocí el oficio de que nunca se termina de aprender y ahora más, pues desde que se desarrollo la fotografía digital no se termina de aprender. Acabo de terminar un trabajo y me sorprendió mucho trabajar de tiempo completo con la cámara digital y hasta la última foto tengo mis dudas y recurro de nuevo al manual y se aprende y bueno los años si te dan experiencia pero lo rico de la fotografía es que cada cosa, cada tema, cada momento es diferente y no puedes hacer todo igual.

¿Cree en Dios?
No. Creo en una fuerza superior. No en el Dios que nos presentan. No en el Dios que nos castiga. No en el Dios que te prohíbe. Creo en una fuerza pero no si es buena o mala.

¿Cree en los milagros?
Sí, mucho

¿En la suerte?
Sí, mucho.

¿En el destino?
De pronto creo y de pronto dudo, pero por lo general sí.

Pedro Valtierra ¿es un hombre de fe y de creencias?
Sí. Lo soy. Es curiosa la vida y son curiosas las cosas que pasan. Creo más en las costumbres de los grupos y en las tradiciones, en esa fe que tienen los pueblos de pronto que tú no la entiendes pero la respetas. Y es ahí donde incluyó los milagros y las coincidencias que uno no se explica y piensa: ¿Qué pasó? Por ejemplo, cuando tomo la foto de las mujeres de X’ Oyep, hay muchos empujones, gritos. El Ejército ahí, la situación es muy tensa, el ambiente, el suelo fangoso, la lluvia. Estábamos en un salón de baile. Piso de duela y sabes, luego la gente no entiende eso de los fotógrafos o de los reporteros, piensan que siempre uno esta en la onda acá’ chida, levitando. De pronto aparece un tronco, me subo y tomó la fotografía y de repente digo: “no manches, ¿Qué pasó?” En serio, de repente la perspectiva me cambió y tomé la foto. Fue una foto en picada. La vida es un misterio.

Que mi trabajo se estudie y se conserve

Pedro Valtierra ha sido jurado del Premio Nacional de Periodismo en 1999, 2001 y 2002; en 1998 obtuvo el premio José Pagés Llergo de la revista Siempre!, también el premio Foto Prensa en la Tercera Bienal de Fotoperiodismo. Ese mismo año, la Agencia EFE y el Instituto de Cooperación Iberoamericana le otorgaron el Premio Rey de España por la mejor imagen noticiosa internacional. Fue jurado del Premio Nuevo Periodismo CEMEX-FNPI, en Cartagena, Colombia, 2004.
En entrevistas concedidas, Pedro Valtierra ha confesado: “El cuarto oscuro es el amor de mi vida. Las cámaras digitales es otro amor, pero ya no es igual, ya no se siente lo mismo. Solía meterme al cuarto oscuro a las dos o tres de la mañana, escuchaba música y trabajaba toda la noche con los químicos para revelar imágenes”. Y es que tener un cuarto oscuro es ver nacer la magia, desde el revelado de los rollos, la exposición de las películas, el olor de los químicos, el tiempo de exposición de las fotografías, y hay que estar bien abusados con el papel fotosensible, no encender la luz, porque se vela todo. Un error y se pierde todo para siempre. 
En México han existido distintas publicaciones cuyo contenido es sólo fotográfico o mayormente fotográfico. Así encontramos La Semana Ilustrada de 1913, La ilustración Semanal en 1915, Jueves de Excélsior en 1922, Revistas de Revistas en 1924, Rotofoto en 1938, revista Hoy en 1939, revista Mañana en 1940, revista Siempre! en 1953, Milenio Semanal que publicaba ensayos fotográficos, Letras Libres, lo mismo, Emeequis igualmente. Y desde luego la revista Cuartoscuro.
La creación de Cuartoscuro tiene sus antecedentes, cuenta Valtierra:

Cuando salgo de La Jornada en 1986 fundó Cuartoscuro, como agencia fotográfica. Mucho antes, cuando salgo de Unomásuno, funde una agencia que se llama Imagenlatina. Era un viejo proyecto que yo tenía y el mismo día que salí del periódico se funda esa agencia. La creo junto con un grupo que invite en el que estaban Luis Humberto González, Marco Antonio Cruz, Jesús Carlos. Imagenlatina la hacemos en mi casa. Este mismo grupo se integra a La Jornada, yo duro dos años en ese diario y al salir fundo Cuartoscuro en junio del 1986. Hemos cumplido 27 años.

Valtierra suspira, frunce el seño. Respira y agrega:

Fue muy difícil porque no había mercado, había que crearlo. Afortunadamente siempre he tenido buenas relaciones, buenos contactos, buenos amigos. Los he hecho en mis viajes. Cuando fundé la agencia nos costó un poquito de trabajo pero lo logramos. Nuestros primero y mejores clientes fueron El Norte, de Monterrey; Vanguardia, de Saltillo; El Mañana, de Nuevo Laredo; El debate (los cuatro Debates), de Sinaloa y en la Ciudad de México el diario El Día y la revista Punto, de Benjamín Wong, quien había sido mi jefe. Así empezó Cuartoscuro.

El trabajo fotográfico de Pedro Valtierra es enorme pues ha fotografiado cuarenta años a todo México. Su archivo debe ser tan impresionante como el de Casasola. Pedro Valtierra ha fotografiado a casi todo México. Archivos fotográficos se encuentran en condiciones lamentables, como el de Héctor García o el de Tina Modotti, o no hay quien quiera medrar como es el caso con el de Mariana Yampolsky. Valtierra es enfático sobre el destino de su archivo:

Pues no lo sé. Se va a quedar aquí para que sea parte del archivo de la UNAM o del INAH. No aspiro a más sino a que se conserve, se difunda y que se estudié. Lo que si quiero en mi testamento, es dejar mi archivo desde ahora en una institución y las que me parecen muy serias son la UNAM o el INAH en la fototeca nacional. No me gustaría que mi archivo ande deambulando como muchos otros archivos de fotógrafos que han muerto como el de Héctor García, el de Walter Reuters, el de Mariana Yampolsky. De muchos fotógrafos que su archivo esta ahí, al garete. Disperso. Todo mundo pide dinero y al final no trabajan, viven de los muertos. Lo mejor que le puede pasar a mi trabajo es que desde ahora empiece a trabajar con cualquiera de esas dos instituciones y es que no le quiero dejar broncas a mi familia.

En México los libros especializados en fotografía de prensa son muy pocos. Aún no se estudia y se considera el trabajo de los fotoperiodistas. A pesar de ello, algunos libros se editan bajo un esfuerzo sobrehumano de sus editores que en muchas ocasiones son los mismos fotógrafos que con sus ahorros o tocando demasiadas puertas logran patrocinios. Entre los pocos libros que se rastrearon son: Historia Gráfica de la Revolución Mexicana de Gustavo Casasola, con 3 ediciones: 1960, 1973 y 1992 de editorial Trillas. La colección de libros de fotografía Rio de Luz  que editó el Fondo de Cultura Económica y que entre sus libros están los imperdibles Yo, el ciudadano, de Nacho López y Escribir con luz, de Héctor García. La Universidad Autónoma de Chapingo edita El poder de la imagen y la imagen del poder. Y existe el libro Fotografía de Prensa en México bajo la coordinación y edición fotográfica de Marco Antonio Cruz.

El efecto espejo II

Empezaría con un cliché, ¿Canon o Nikon?
No, ninguna de las dos. La cámara no es importante y mucho menos la marca, es mucho más importante el fotógrafo.

¿Cómo se hace agudo un fotógrafo?
Pues dependiendo de su capacidad para comprender los temas, las cosas y el trabajo. Como en el periodismo, te vas convirtiendo en una persona aguda dependiendo de tu capacidad para entender lo que estás haciendo.

Durante el último par de meses usted ha tenido muchas entrevistas, ¿ha poco sí de veras es muy redituable el trabajo de ser fotógrafo?
No. Puedo hablar de cómo a mi me ha ido, creo que es bueno si tienes una buena difusión. Si tienes un buen aprovechamiento de tu material pero eso ya no depende de ti. Yo creo que hay fotógrafos muy importantes dentro de los cuales no me incluyo, no voy a hablar bien de mí. Pero hay fotógrafos muy buenos y muy importantes en México dentro de todos los géneros. Recién me hacen muchas entrevistas por haber publicado un libro pero no es representativo de lo que pasa en México en cuanto a la fotografía y sus fotógrafos.

¿Qué le exige a sus fotógrafos?
Les exijo que sean respetuosos, que lean, que aprendan, que procuren hacer imágenes novedosas, que se pongan abusados, que sorprendan, en sí, que trabajen básicamente. Eso les exijo a todos, ayer justamente hablábamos de esto. Me preocupa mucho que la flojera nos pueda ganar, y entonces cuando la flojera gana pues van y disparan al ton y son, sin pensar, sin encuadrar. Y las fotos son detalles, son momentos que están ahí y si llega un fotógrafo sin ánimo, sin ganas pues hará un mal trabajo, podrá tener el mejor equipo –como te decía al principio- pero sin disciplina o creatividad pues es eso, solo un buen equipo. Muchos fotógrafos ahora se sienten vendedores de Canon o de Nikon o se sienten dueños de internet y de lo digital y dicen muchas barbaridades.

¿Los fotógrafos deben o tienen códigos de ética?
Lo deben de tener tanto como una cámara.

La polémica que desató el fotoperiodista sudafricano Kevin Carter al no rescatar a la niña desnutrida de las garras de un buitre volcó la desaprobación de la opinión pública, acusándolo de ser el auténtico carroñero de esa escena. Un año después, en 1994, luego de ganar el premio Pulitzer, Carter se suicidó. Hace poco, una fotografía parecida: en Nueva York, un hombre esta por ser arrollado por el metro. El fotógrafo dispara su cámara en vez de auxiliarlo. ¿Cómo se resuelven los conflictos éticos o morales en un momento determinado al tomar una foto?
Esos casos son extremos. Yo no he estado en esos casos. En ese caso –el del buitre- yo no condeno al fotógrafo. Es una situación dolorosa. En una situación así  en donde tienes que decidir tomar una foto o salvar una vida, pues salvaría una vida. Pero pienso que si hay una guerra y hay una represión violenta y salvaje y el fotógrafo toma fotos, hace un registro. No puede salvar vidas. El fotógrafo no es responsable cómo puede ser responsable el militar o el sicario o el mercenario que dispara. Mi trabajo es registrar momentos que digan algo. Si estoy ante el ballet Bolsoi y una bailarina hace un giro y un salto sorprendentes ¿la debo tomar o no?
Otro conflicto ético. Yo no estoy de acuerdo con que el fotógrafo cambie o modifique el sentido de la foto por ahorrase problemas. O que cargue la foto para un lado. Pero sucede y a menudo, es lamentable. U otra, cuando alguien te da una lana para que no publiques una foto. Es una circunstancia personal, se resuelve en gran medida con códigos de ética.

¿Qué perspectiva tiene sobre lo que sucede en cuanto a fotografía en la llamada “guerra con el narco”?
Se registra lo que se puede hacer. Pero no solamente los narcos son violentos. La violencia esta en todos lados. Lo que creo que se debe hacer por ambas partes, medios y violencia ya sea por parte de los militares o de los narcos es que deben de respetar al periodista. Sé que suena romántica esta visión, pero el periodista solo hace un registro puntual de lo que sucede. Si matan a treinta o a cincuenta pues ese no es problema del reportero o del fotógrafo. Yo tomo la foto que desde luego será violenta pero no es culpa mía que suceda eso, simplemente yo lo registro. Ahora sucede que nos quieren culpar a los reporteros de la muerte en general y de lo que sucede en el país. Que posición tan cómoda del Estado. Y también hay medios que no respetan a sus trabajadores y que prefieren callar y hacerse cómplices del Estado.
Hay muchas confusiones en torno a la violencia y el periodismo. Se nos hace responsable de la violencia porque según el Estado nosotros atizamos el asunto. Y hasta los presidentes nos regañan y los directores de los medios de comunicación ni protestan, aceptan el regaño de manera sumisa. Paso en el sexenio de Calderón y pasa en éste.
A mí me gustaría retratar a puro estudiante trabajador y gente con mucha lana que se la gasta en ropa, carros y joyas pero pasa que eso no sucede en este país y entonces registro lo que sucede, no lo que quieren que registre. ¿Qué hubiera pasado si los fotógrafos no registran el holocausto de la segunda guerra mundial u otros pasajes de esa fecha tan horrible? Pues nadie tendría pruebas graficas de lo sucedido. Se podría decir que no, que nunca mataron a los judíos. Pero no, la labor del fotógrafo, del periodista es registrar. Ahora registramos como podemos esto del narco en México, desprotegidos por el Estado, por los propios medios pero hacemos nuestro trabajo. Le guste o no al Estado.

¿Hay algún periódico que le de importancia a la fotografía como lo hizo el Unomásuno de Becerra Acosta actualmente?
No. No lo hay. Los directores de los periódicos, me parece, no saben de fotografía. Sabrán de muchas otras cosas, pero de fotografía desconocen mucho. No lo digo de manera peyorativa, pero como desconocen lo que es la fotografía pues no le dan su lugar. Me parece que es falta de interés de los directores y editores de los medios, y también, falta de creatividad por parte de los fotógrafos que sueltan el disparo solo por cumplir. Se le da prioridad –todavía- al texto sobre la fotografía. Pero ojo, no hay crisis de fotógrafos, ni crisis de periodistas, sino crisis de los medios en sí.

Es fundamental que los directores, subdirectores y editores sepan de fotografía. También y no se de dónde salió, que los fotógrafos de prensa no saben o no deben de tomar buenas fotografías. ¿No? Los fotógrafos deben de tomar buenas fotos siempre pero deben estar motivados, para empezar, por jefes que les exijan pero que sepan que exigirles. Es como cuando una buena nota se hace literatura, aunque sea una nota de media cuartilla. Si la calidad de la nota no se mide por el tamaño. Muchos editores lo piensan así. 

*Fotografías tomadas por Abraham Gorostieta.








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