viernes, 12 de septiembre de 2014

Periodistas. José Martínez

José Martínez, el gusto por el periodismo
Por Abraham Gorostieta

Para José Martínez el periodismo es un compromiso con la sociedad y que es una libertad que se gana día con día. Se inicia en el periodismo en la década de los setenta, cuenta: “presentí que mi vocación era reportear, escribir e investigar”. Profesor universitario durante un tiempo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, fundó periódicos emblemáticos como el Unomásuno y El Financiero. Forjado en el periodismo de investigación ha demostrado su oficio haciendo biografías sobre personajes icónicos. José Martínez o “Pepe” como le llaman sus amigos, durante la última década se ha concentrado más en ser un biógrafo incansable de los hombres del poder: “Es algo fascinante poder retratar la realidad de un país por medio de un personaje”, comenta.
Su trabajo se puede leer en los libros Las Enseñanzas del Profesor: Indagación de Carlos Hank González; Retrato Inédito de Carlos Slim; La Maestra, vida y hechos de Elba Esther Gordillo; El Peón de la Reina; La corrupción Foxista; Los secretos del hombre más rico del mundo; Grupo Atlacomulco, de Hank González a Peña Nieto y Salinas, candidato a la crisis en coautoría con los periodistas Carlos Ramírez y Alejandro Ramos. Martínez sostiene: “En México se hacen biografías sobre los muertos, por lo general, las biografías que se hacen se dedican a hacer mitos de personajes que han fallecido y los hacen los próceres de La Historia. Me parece que el trabajo del biógrafo, del periodista de investigación es todo lo contrario. Debe de derrumbar monumentos, desmitificar a personajes, siempre y cuando estén vivos para que puedan defenderse”.
            Obsesivo en el trabajo, lo es también para la limpieza. Le gusta el orden y la disciplina: “Me gusta la limpieza, que los pisos de mi oficina o de mi casa estén limpios, si no hay quien los limpié, lo hago yo mismo”. Le gusta rodearse de mascotas. De niño recogía animales en la calle: perros, gatos, pero también patos, conejos, ranas, los bañaba, les daba de comer y una cama. La pesadilla de toda madre, quien al contar las mascotas necesitaba usar dos cifras. Mientras el niño José Martínez entraba a su casa con un par de perros más, su madre salía al mercado del barrio y en la bolsa del mandado llevaba escondidas de contrabando una o dos mascotas, que al salir las liberaba. “En casa siempre se ponían a cocer frijoles, mi madre los guisaba con cebollita finamente cortada, acitronada en aceite, casi quemadita. Entonces era una delicia comer frijolitos, con un bolillo y un trozo de queso y chiles en vinagre”, recuerda el periodista y abunda: “Mi padre fue panadero, hacia muy buen pan, rico, fino. Disfrutaba mucho su oficio por eso le salía tan bueno el pan”.  
En este año, la Universidad Autónoma Metropolitana lo homenajeó por sus 36 años como periodista.

Lector precoz

Don Ismael Martínez, su padre, sabía muchas historias que escuchaba en la panadería y que luego les narraba a José y a sus hermanos: “Mi padre fue un gran conversador, te contaba a detalle cualquier historia. Y ahí nos tenía embobados, a mis hermanos y a mí, escuchando las historias sobre muertos y aparecidos, sobre cuentos o leyendas mexicanas, sobre anécdotas de la vida misma”. Sentado sobre su sillón, los recuerdos llegan a la mente de José:

Mi padre fue un amigo, maestro y guía. Yo lo veía leyendo, comprando el periódico todos los días. Sin ser místico, a mi padre le gustaba mucho leer la Biblia. Nos leía a mis hermanos y a mí pasajes pero no como catecismo sino como cuentos, narraciones extraordinarias e increíbles. Así yo descubría que la Biblia es una excelente novela, una maravilla, claro, la Biblia no me impacto tanto como si impactó a Enrique Peña Nieto, pero si me gustó leerla así. De vez en cuando la leo en los hoteles, o en mi casa pero aclaro, no soy religioso, no la leo con fanatismo. 
 
Inculcado el hábito de la lectura durante la infancia, el niño José Martínez pasaría a la adolescencia de la mano del boom latinoamericano. “A los doce años leía las primeras ediciones de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez y La buena tierra de Jean Pierre Leduc, me impactaban mucho sus libros. Otro libro que me sacudió fue , me sedujo como la autora narraba la hambruna en China, claro, era una novela  pero en ella podía ver, leer como se sobrevivía en ese mundo en donde viven miles de seres humanos”. Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes acompañaron al joven Martínez: “Me gusta mucho la obra de Carlos Fuentes, también leía de vez en vez a Octavio Paz”, dice esto mientras frota sus manos lentamente, “cargaba con libros siempre” y nuevamente con las manos, una palma abajo y sobre ésta la otra, en medio un vacio de 20 o 30 centímetros. “Fui afortunado, me tocó una época de grandes autores: los sesenta y setenta”.
Al igual que a su padre, José gustaba de contar historias. No había más que decidir, el joven estudiante pronto buscaría en el periodismo poder vaciar su inquietud de narrador. Fue así que llegó a la redacción de la revista Mañana.
La revista Mañana fue fundada en 1943 por los periodistas José Pagés Llergo, Regino Hernández Llergo y Daniel Morales Blumenkron y en esa década contó con grandes colaboradores como Salvador Novo, Fernando Benítez, Luis Spota, Vicente Vila y Luis Suárez. En los años cincuenta, el director de la revista Mañana, Daniel Morales, se convirtió en un fuerte empresario periodístico pues de los talleres de Publicaciones Mañana, se editaban además de la propia revista, Cine Mundial, el único cotidiano que se especializaba en espectáculos por aquellos años. Fernando Solana Morales, sobrino de don Daniel dirigió la revista en la segunda mitad de los sesenta, mientras su hermano, Alejandro, era el jefe de redacción y entrando la primera mitad de los setenta, director. Es en este momento que llega el joven Martínez a pedir trabajo:    

Comienzo a trabajar en la revista Mañana a mediados de la década de los setenta, las oficinas estaban en la calle de Amberes, en la Zona Rosa. El director era Alejandro Solana Molares, hermano de quien fuera secretario de Educación, Fernando Solana. Por esa revista pasaron buenos reporteros. En esa revista colaboraban Octavio Paz y Carlos Fuentes. Ahí aprendí.

Con la aparición de otras publicaciones de tamaño, tipografía y contenidos similares, como las revistas Hoy, Siempre! e Impacto la revista Mañana perdió lectores. Durante tres años trabajó ahí el joven Martínez. En 1977 nacía un prometedor diario, el Unomásuno con Manuel Becerra Acosta al frente y José Martínez participó en todo ello. La revista Mañana sobrevivió unos años más gracias al viraje de su director, que comenzó a practicar un periodismo oficialista y con ello, las páginas de publicidad gubernamentales se hicieron más comunes en la revista.

Pícaro líder, don Manuel

El primer número del periódico Unomásuno apareció el lunes 14 de noviembre de 1977. El diario quería ser innovador en todo: dando importancia a la fotografía, a las crónicas,  de tamaño tabloide francés, el Unomásuno publicaba una entrevista con Rodolfo González Guevara como nota principal en su primera página, junto a ésta, un texto de presentación titulado “nuestro compromiso”. El directorio: Manuel Becerra Acosta, director general; Carlos Payán, subdirector general; José Solís, subdirector técnico; coordinador de información; Marco Aurelio Carballo; coordinador editorial, Jorge Hernández Campos, y gerente, Alejandro Soria Labadié. José recuerda:
    
Al Unomásuno me invita el escritor y periodista Marco Aurelio Carballo, y fue así que formé parte del nacimiento de ese gran periódico. Carballo había trabajado en Excélsior con Julio Scherer y yo tenía presente en mi mente la salida de Julio Scherer de Excélsior. Cuando me invitan a formar parte del Unomásuno pues fue un gran honor.

El diario, editado por la Sociedad Cooperativa de Periodistas SCL y la Editorial Uno, S.A. de C. V., decía en su editorial inicial: “Cuando, al llegar a su término el pasado gobierno, nos constituimos en la cooperativa de periodistas que dio vida a la editorial que publica nuestro diario, respondimos a una confianza racional, no solo en nuestra vocación y aptitudes: confianza en un país que requiere información y acepta la crítica”. Y este fue el espíritu del diario y sus colaboradores. José Martínez, nos narra como estaba formada la redacción:  

En ese entonces, la redacción estaba formada por don Manuel Becerra Acosta, director de la “orquesta”, por Mario Velarde, recuerdo a Jorge Ibargüengoitia que colaboraba con unas crónicas maravillosas, estaba Carlos Monsiváis, Miguel Ángel Granados Chapa, Carmen Lira como reportera, Raymundo Riva Palacio, Héctor Aguilar Camín, que era muy joven pero muy brillante, ya despuntaba como un gran intelectual. Estaba Pablo González Casanova, en fin, muchos periodistas y muchos intelectuales convergieron ahí, Fernando Benítez, Cristina Pacheco, Elena Poniatowska, los reporteros Jaime Avilés, Ramón Márquez, Gonzalo Álvarez del Villar, Ricardo del Muro, Guillermo Mora Tavares, Abelardo Martín, Víctor Manuel Juárez, en fin, muchos, muchos.

Cuenta Alegría Martínez, biógrafa de Becerra Acosta que don Manuel era “propenso a la iracundia, su sentido del humor tenía, sin embargo, posibilidades infinitas; en varias ocasiones, al entrar a su oficina una persona desconocida, una vez que ésta se había retirado, el director general le inventaba un apodo. A partir de ese momento fulano o mengano sería llamado por su mote”. Así era don Manuel, coinciden los que lo conocieron, era odiado o amado, luz y sombra, frío o caliente. Nunca la tibieza. José Martínez lo recuerda así:

Manuel Becerra Acosta era un tipazo pero con un carácter terrible. Cuando la secretaria de don Manuel, Socorro, te decía o nos decía que nos llamaba El Director, los reporteros sudábamos. A veces se le pasaban los tragos. Era muy exigente. Lo recuerdo una vez caminando en calcetines en la redacción. Solía llevar un bastón y con él le pegaba a los escritorios, a la pared, a lo que fuera para llamar la atención. Era muy estridente, muy capcioso, medio perverso. Yo creo que disfrutaba mucho que los reporteros le temieran. Era un hombre que imponía a los jóvenes, no a todos, los que lo conocíamos pues no tanto. Pero sin duda don Manuel fue un gran líder que supo aglutinar a un grupo de talentosos periodistas que lo acompañamos en esa aventura.

José Martínez rememora. En su mirada y en su voz hay cierta nostalgia. Se da su tiempo y prosigue:

Otra prueba de esto que digo es el suplemento cultural, uno de los mejores que la prensa mexicana ha visto en las últimas décadas, el suplemento Sábado, que dirigía Fernando Benítez, la página editorial del Unomásuno era muy rica, una corriente de opinión muy importante que era de izquierda. Un diario que le daba voz a la disidencia política mexicana, a las luchas sociales. Había una conciencia de clases entre los mismos periodistas. Había un compromiso periodístico. Una competencia profesional por ganar la primera plana, aunque no nos pagaban puntualmente, era un proyecto que innovo el periodismo en México.

El periódico Unomásuno contribuyó en muchas cosas en el periodismo mexicano, pero no solo en eso, también en la vida política mexicana pues creo los espacios para la discusión y el debate. Seis años más tarde a su fundación, el periódico que sacudía a la clase política todos los días, sufrió su propio sismo. El periodista Raymundo Riva Palacio cuenta la siguiente historia: “La disputa por el poder en Unomásuno se venía incubando tres años antes de que estallara. En la asamblea de cooperativistas de 1979, cuyo consejo de administración estaba presidido por Carlos Payán y la presidencia de la mesa de debates estaba a cargo de Carmen Lira, Manuel Becerra Acosta anunció la ruptura con el socio industrial José Solís, que tenía el 49% de las acciones tipo B y dijo que para evitar que un político tomara el control de esas acciones, él había conseguido un préstamo para adquirirlas. En forma casi unánime, la asamblea aprobó su acción. En 1983, un grupo de cooperativistas, entre los que se encontraban Payán, Lira, Granados Chapa, Aguilar Camín y José Carreño Carlón, reclamaron a Becerra Acosta que esas acciones, como dijeron que había prometido, se repartieran entre los cooperativistas. La Cooperativa de Periodistas había desaparecido en 1980, cuando pasó a ser una Sociedad Anónima, para la cual reclamaban las acciones. Becerra Acosta no reconoció esa promesa y se negó a hacerlo. El ambiente interno se había venido deteriorando en los años previos, por lo que al enfrentar a Becerra Acosta y él mantenerse en su posición, los líderes de los disidentes encabezaron una escisión y renunciaron para ir a preparar un nuevo periódico, que sería La Jornada”.  
José Martínez se endereza, se acomoda nuevamente en su asiento junta los dedos de sus manos y cuenta al respecto:

Salgo del Unomásuno cuando suceden las divisiones. El “quien esta conmigo y quien en mi contra” y pues decido salirme. Yo no he sido de cofradías ni de mafias o de grupos. He sido un lobo estepario. Nunca me han gustado las camarillas y las mafias. Cuando empecé a ver algunas células del Partido Comunista Mexicano que estaban infiltrados en el periódico y que pretendían apoderarse del diario –que eran pocos- pues no había más que decidir. Eran grupos que se enfrentaban: un grupo muy a fin a Manuel Becerra, otros con Aguilar Camín, otros estaban con Granados Chapa, otros pocos con Fernando Benítez y otros con Carlos Payan Velver. Payán, que no era periodista pero era un gran tipo, un abogado laboral muy condescendiente, muy bonachón, un tipazo. En fin, yo vi todos éstos grupos y yo no estaba con nadie y mi amigo, Marco Aurelio, también se iba, pues dije “también me voy yo, no me halló aquí”. Tomé esa decisión de la noche a la mañana. Además había sido víctima de las intrigas de un pequeño grupo. Yo ya no estaba a gusto y me salí.

El 2 de diciembre de 1983, un editorial en primera plana dio a conocer las renuncias del subdirector, Carlos Payán; el subdirector editorial, Miguel Ángel Granados Chapa; la subdirectora de información, Carmen Lira; y del jefe de redacción, Humberto Mussachio. También anunciaba el cese de Héctor Aguilar Camín como asesor de la dirección. En el editorial se lee que los renunciantes argumentaron que “la situación financiera de la empresa se encuentra en un estado sumamente difícil” y dice a su favor que el periódico “no cambia su clara ideología proveniente de los principios revolucionarios que recogió la Constitución sobre los bienes de la nación, la libertad y la democracia, el trabajo y los derechos sociales”.
Al día siguiente, el grupo que salió del diario se pronunció en un comunicado sosteniendo que Unomásuno vivía una crisis “empresarial, moral y política” y argumentaba: “Empresarial, porque al diario le quedaban tres vías: el ajuste de su economía, la quiebra o la búsqueda del subsidio. Moral, porque en la dirección se abusó de la buena fe de los trabajadores y se burló el proyecto básico de la editorial. Y política, porque de las dos anteriores se desprende una voluntad conservadora en la vida interna del periódico y una actitud antisindical”.
Seis días después, el 8 de diciembre, 46 colaboradores se sumaron a las renuncias, entre los que se contaban Carlos Monsiváis, Emilio García Riera, Luis Suárez, Adolfo Gilly, Rolando Cordera, Pablo González Casanova, Iván Restrepo, Federico Reyes Heroles.
Cuenta la biógrafa de Becerra que éste se encontraba en su casa terminando de escribir el libro Dos Poderes cuando: “Fernando Benítez le llamó por teléfono desde la dirección del Unomásuno a Becerra que estaba en su casa de Malinalco, le llamó para gritar, con su característico tono exigente y de ruego a un tiempo: ‘¡Manuel, ven, el periódico está cayéndose a pedazos y tú no estás!’. Benítez estaba desesperado. Al colgar el auricular se quejo a gritos, tildaba de loco al director, se lamentaba de que no acudiera a su llamado de auxilio, caminaba, casi corría entre los muebles de la dirección, las manos a la cabeza, como para que no le estallará”.
El 21 de diciembre, el director del suplemento cultural Sábado dejó el periódico por “incompatibilidad de criterio editorial con Becerra Acosta”.

Todo un caballero don Rogelio Cárdenas  

En octubre de 1981 nace el diario El Financiero “con la esperanza de servir al público” y que se especializaba en asuntos económicos. En su primer número justifica su aparición: “cada día cambian de mano los dones de la tierra y los credos por el hombre. Informar con esmero de estos temas, procurar las más variadas ópticas de opinión y servir así a las actividades económicas de México, será nuestro aporte cotidiano”.
Su director era don Rogelio Cárdenas Pérez-Redondo, un viejo periodista que fue reportero en Excélsior cuando Julio Scherer era también reportero de la fuente política. En ese diario Rogelio Cárdenas funda la columna “Frentes Políticos” que era un referente en aquellos años por la rigurosidad de su información.
Al poco tiempo de ser nombrado Julio Scherer subdirector editorial de Excélsior, el reportero Cárdenas Pérez-Redondo se enfrentó a la disyuntiva de dejar el periodismo. En diciembre de 1964 recibió la invitación de don Jesús Reyes Heroles, a la sazón designado director General de Pemex, quien propuso a Cárdenas Pérez-Redondo ser director de prensa de ese organismo. Y ahí don Rogelio permaneció por 18 años.
Rogelio Cárdenas Pérez-Redondo adquirió con sus ahorros la agencia de prensa Informex, que se encontraba a punto del colapso. La empresa no prosperó y hubo que venderla para dar paso a mediados de los setentas a una nueva agencia de noticias con el nombre de Servicios de Información Económica y Financiera (SEFI), ahora con el apoyo de su hijo Rogelio Cárdenas Sarmiento y el reportero Alejandro Ramos Esquivel.
Ya finalizando el sexenio de José López Portillo, Rogelio Cárdenas Pérez-Redondo funda El Financiero apoyado en su hijo Rogelio Cárdenas Sarmiento, el periodista, Alejandro Ramos Esquivel y Pedro Álvarez del Villar, quien se encargó del diseño y la jefatura de redacción de este periódico. Al El Financiero se integran un pequeño grupo de periodistas que venían de la revista Proceso y del Unomásuno. Es así que se suman los periodistas Francisco Gómez Maza, Estela Morales, María Esther Unsurrunzaga, Connie Gómez, Yuri Serbolov, Gustavo Lomelín, Carlos Ramírez y José Martínez. El jefe de información era Alejandro Ramos Esquivel y Rogelio Cárdenas Sarmiento director editorial. Al proyecto se integraron también los analistas Enrique Quintana, Francisco Sandoval, Samuel García e Ignacio Catalán.
José Martínez narra con entusiasmo su llegada al diario:

Llegó a El Financiero  cuando el proyecto va saliendo. Me encontré a unos amigos en un Sanborns: Alejandro Ramos, quien era jefe de Información y a Gustavo Lomelí, quien era reportero en ese entonces. Me invitan a chambearle y me integro con todas las ganas. En ese entonces nadie daba un peso por ese proyecto. Salía de lunes a viernes y si no me falla la memoria era de veinticuatro páginas. Se llenaba de artículos muy bien seleccionados por el entonces joven Sergio Sarmiento, primo de Rogelio Cárdenas Sarmiento. Sergio Sarmiento se mimetizaba para escribir. Usaba pseudónimos escribiendo columnas y llenar las dos planas de Opinión, al mismo tiempo se daba a la tarea para escribir en el Wall Street Journal y trabajar para la Enciclopedia Británica. En algunas ocasiones que llegó a faltar material para las páginas de Opinión tuve que entrar al quite y de esa manera cerrar la edición. Recuerdo a Sergio Sarmiento con un portafolios y siempre al lado de su compañera Marcela. Sarmiento llegaba a la redacción de El Financiero corriendo y entregaba las traducciones que se hacían de The New York Times o The Washington Post, porque la verdad Sergio ha sido brillante, él era el encargado de las páginas editoriales.

El periodista sonríe, se le oye a gusto narrando y prosigue:

Estábamos en una casa en la colonia Anzures, la redacción era la sala y el comedor de la casa y no éramos más de 20 personas en la redacción y otras tantas en talleres. Se le daba mucha importancia a la fuente laboral, por supuesto a la fuente financiera, empresarial y a la Bolsa de Valores, y ahí empiezo haciendo reportajes de investigación. Carlos Ramírez se inicia como columnista político. Mi relación personal con Carlos Monsiváis y con don Emilio Krieger Vázquez, abogado de los presos políticos del 68 y protector del ingeniero Heberto Castillo, fundador del Partido Mexicano de los Trabajadores me llevó a proponer al director Rogelio Cárdenas Sarmiento la incorporación de Monsiváis y Krieger como articulistas. De inmediato se aceptó mi propuesta y el periódico iniciaba así una nueva etapa que se enriquecería con la colaboración de políticos de todas las tendencias para escribir en las páginas de opinión editorial. Luis Donaldo Colosio era uno de ellos cuando despuntaba como diputado por el PRI. En esta parte política fue importante la participación de Rodolfo Guzmán, como jefe de información política de El Financiero.

El periodista hace una pausa, enciende un cigarrillo. Honda la bocanada. El humo se hace nube y continúa:

En 1986 nos vamos a las nuevas oficinas en la calle Lago Bolsena, en la colonia Anáhuac, con los mínimos recursos pero con el apoyo de Rogelio Cárdenas Sarmiento, tuve el privilegio de fundar la red de corresponsales en las principales ciudades del país. Ya establecida una pequeña mesa de redacción se sumaron a mi equipo un grupo de incipientes periodistas; uno de ellos fue Marco Lara Klhar, quien fue uno de mis principales apoyos para abrir las secciones regionales de El Financiero en los estados de Puebla, Morelos, Querétaro y Estado de México, en las que se encartaba la sección nacional. Así fue creciendo poco a poco el periódico. Después me tocó fundar la sección de Análisis Político, que tuvo una vital importancia dentro de este medio especializado en finanzas y economía, como ocurrió con Víctor Roura con su sección cultural, una de las mejores en los medios impresos del país. A Carlos Ramírez y a mí nos tocó convencer a Rogelio Cárdenas de la importancia de contar con una sección cultural y de incorporar a nuestras filas a Roura, lo cual resultó todo un éxito.

Y sentencia:

En fin, así empecé a trabajar en El Financiero quien se consolido como uno de los periódicos más importantes de los ochentas y noventas y que a partir del nuevo milenio se vino a menos por una mala dirección.

El trabajo de Martínez y sus reportajes en el diario le hicieron ganar en 1983 el premio Rogelio Cantú que otorgaba el periódico El Porvenir, lo obtuvo en la categoría de reportaje. José Martínez explica: “hice un reportaje sobre el campo en México –yo tenía pensado el tema para un libro- pero el reportaje me hizo ganar un premio, el Rogelio Cantú, y me dio mucho gusto recibirlo pues en el jurado que lo eligió como ganador estaba conformado por el director de entonces de la agencia EFE, Antonio Alonso, por Elena Poniatowska, el director de la revista Plural de Excélsior, estaba Edmundo Valadés que editaba la maravillosa revista El cuento y el director de la Escuela Carlos Septién, don Alejandro Avilés. Me dieron el premio, el cual era muy generoso, me compre un auto –usado- y pague mis deudas”.
A mediados de los ochenta el periódico El Financiero ya estaba consolidado y a finales de esa década el diario se perfilaba como uno de los más leídos en México. Don Rogelio Cárdenas Pérez-Redondo enfermó gravemente y su hijo tomó las riendas del proyecto. Rogelio Cárdenas Sarmiento había realizado estudios de economía en la Universidad Anáhuac, donde también enseñó algunos años. También estudió en las universidades de Cambridge y Sussex, en la Gran Bretaña, y luego se especializó algún tiempo en economía petrolera en París. A su regreso a México inicia junto a su padre el proyecto de El Financiero.
José Martínez recuerda así a su viejo director, Rogelio Cárdenas Pérez-Redondo:

A don Rogelio Cárdenas le decían El Barón. Tenía la reputación de ser un hombre muy caballeroso, de ahí el mote, y en verdad lo era. Recuerdo su trato respetuoso. Tenía en su oficina una botella de wisqui Royal Label que se tomaba en tacitas de café para que nadie se diera cuenta y a los que llegábamos a su oficina a veces nos compartía un trago. El viejo don Rogelio tuvo la visión de haber fundado un periódico especializado en finanzas. Es un enorme mérito. Claro, contaba con el apoyo de su sobrino Sergio Sarmiento y de su hijo Rogelio Cárdenas Sarmiento quien había estudiado en Europa y Estados Unidos economía y un enorme apasionado del periodismo financiero. Recuerdo mucho y de grata manera a Rogelio Cárdenas, El Barón, me trataba bien. Me invitaba a su casa, allá en Campos Elíseos, Polanco. Tenía una biblioteca sensacional, maravillosa, muy pulcra, sus libros impecables y muy bien cuidados o restaurados. Era muy respetuoso con el trabajo de los reporteros, impulsaba proyectos y carreras periodísticas, nos decía: “Esto va muy bien, pero si le agrega esto y mira este enfoque, su trabajo va a mejorar”. Tenía una muy buena dirección del periódico, muy buena mano y sin duda su hijo le aprendió. Recuerdo a Rogelio Cárdenas Sarmiento brillante también, un gran bebedor de café y un fumador terrible, eso al final impactó en su salud, murió muy joven. Yo les tuve mucho afecto. A El Barón, sobretodo porque me dio la oportunidad de consolidarme, de hacer periodismo de investigación, me impulsaba mucho. Yo llegaba con un tema y me decía: ¿Qué necesitas José? Espacio y libros, contestaba yo. Y pronto decía: “Cómprenle los libros a José y tienes el espacio asegurado”, ordenaba.

Al final del sexenio de Miguel de la Madrid, el país atravesaba por una convulsión política. En 1987, un grupo de priístas que pedía la democratización de su partido fue expulsado de éste. Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo comenzaron a formar una coalición de ex priístas con las diversas fuerzas de izquierda que nacieron gracias a la Reforma Política de 1979. Fue así que al año siguiente Cuauhtémoc Cárdenas contendió por la presidencia de México, su rival sería nada más y nada menos que Carlos Salinas de Gortari.
El día de las elecciones de 1988 Carlos Salinas obtuvo poco más de ocho millones de votos en unas elecciones verdaderamente competidas, reñidas y según la perspectiva con que se mire, amañadas y fraudulentas. En ese régimen donde predominaba el PRI, el Sistema le había prometido al candidato priísta más de 20 millones de votos. El presidente del PRI era Jorge de la Vega Domínguez, chiapaneco y según él aseguraba 10 millones de votos de sus afiliados. Fidel Velázquez, líder de la poderosa CTM, en esa feria de promesas, había asegurado cinco millones de votos de sus agremiados. Toda una romería. No había respeto por el elector, ni por la democracia. Pero en el día de la elección Salinas obtuvo menos de la mitad de votos de lo que habían prometido los priístas. “Entonces Manuel Barttlet, secretario de Gobernación –explica Martínez-, quien controlaba la elección y el Disen, y que ahora es un luchador lopezobradorista salió en la noche a informar que el sistema de computo se había ‘descompuesto’, dijo: ‘Se cayó el Sistema’ y los reporteros de la fuente lo tomaron a chunga y escribían ‘se calló el Sistema’”.
La famosa caída del sistema genero mucha desconfianza en la elección. Los candidatos Manuel J. Cluthier del Partido Acción Nacional, doña Rosario Ibarra de Piedra del Partido Revolucionario de los Trabajadores y Cuauhtémoc Cárdenas del Frente Democrático Nacional se reunieron en la noche para pactar, o  negociar con Manuel Bartlett como representante de Miguel de la Madrid el resultado de la elección. “Ahí se decidió que finalmente Cárdenas no había ganado la elección –continúa explicando José Martínez-, pero el ambiente era muy tenso. La gente estaba pendiente buscando información en la radio y la televisión. Jacobo Zabludowsky en la víspera de la elección había hecho una campaña sucia en contra de Cuauhtémoc Cárdenas, presentando a medios hermanos, hijos del General Cárdenas. En esa atmosfera estaban muchos medios. El periódico Excélsior, dirigido por Regino Díaz Redondo, había hecho una cabeza donde ponía en duda el triunfo del PRI, esa primera plana llego a las rotativas y se imprimieron pocos ejemplares pero pronto dieron marcha atrás dónde la cabeza principal era ‘Ganó el PRI’. Prueba de esto es el testimonio de Yuri Serbolov y el ejemplar de ese diario que esta en su poder. La gran mayoría de los periódicos se subordinaron a la llamada telefónica de Los Pinos. En la redacción de El Financiero estábamos Alejandro Ramos, subdirector del diario, el columnista estrella Carlos Ramírez, que a su vez coordinaba la jefatura de Información y yo, que era el coordinador del área de Análisis Político. Los tres cada ocho días publicábamos un paquete de análisis político. El día de la elección no teníamos la cabeza de la de ocho y fue Alejandro quien dijo: ‘bueno, es que no hay nada para nadie’. Y Carlos y yo dijimos ¡‘Ahí esta la cabeza’!. Se lo comunicamos al director y la cabeza se fue así. En la noche, en el noticiero de 24 horas, Jacobo Zabludowsky, al leer los encabezados de los diarios, quiso exhibir a El Financiero y al final se exhibió sólo”.
La histórica cabeza, con ese titular, aparentemente inocua rompía por primera vez la complacencia hacia el gobierno y presentaba una duda sobre quién realmente ganó la elección. Nada para nadie significaba que la elección presidencial era cerrada y que no podía declararse a nadie como ganador. Contrario a esto, todos los periódicos, incluyendo La Jornada, habían titulado sus ocho columnas “Salinas, nuevo Presidente”.
Carlos Salinas de Gortari jamás perdonó a El Financiero, su primera acción contra el diario fue abrir un litigio y tratar de despojar de la propiedad del título al periódico. Finalmente prevaleció la razón y El Financiero mantuvo su nombre y su prestigio. La demanda correspondía a una publicación que llevaba por nombre Boletín minero y financiero de México, que se prestó al chantaje del presidente Salinas.
José nos narra lo vivido en esos días:

Carlos Salinas se la cobró cara a don Rogelio y se le fue a la yugular, ya instalado en el poder, su vocero –un tipo nefasto, gobernador de Aguascalientes, muy gris como periodista- Otto Granados fue a amenazar a don Rogelio. Para mala fortuna de Salinas y su vocero, El Financiero tomaba en cuenta a sus lectores y sus lectores lo sustentaban. Hubo presiones con la secretaria de Hacienda, también. Luego, Salinas profundizó un boicot de publicidad gubernamental que se había iniciado cuando El Financiero publicó por menores de la renegociación de la deuda externa en 1985. Pero tampoco le funcionó.

Consolidado como uno de los principales diarios del país y siendo de los primeros medios comerciales financieramente independientes del gobierno, El Financiero era referencia, incluso, junto con La Jornada, fueron capaces de hacer que decisiones políticas del gobierno se modificaran, como cuando se opusieron tajantemente a los nuevos libros de texto gratuito de historia, donde desaparecían héroes nacionales y se hacía una revisión conservadora del pasado mexicano.
José Martínez renuncia al periódico en los primeros años de la década de los noventa. Nuevamente se acomoda en su asiento. Y explica:

Renunció a El Financiero por diferencias con el director Alejandro Ramos por su conducta poco ética con algunos colegas a los que se la pasaba siempre amenazando con despedirlos. Les decía: “te voy a correr, te voy a correr” y los reporteros se aguantaban porque necesitaban el trabajo. Otro rasgo de su falta de ética era querer competir con sus reporteros. Todos los viajes en donde invitaban al extranjero a los periodistas él se los “agandallaba” y eso me parecía poco ético. Otro rasgo, era muy servil con “sus amigos” que llegaban a posiciones de poder y finalmente fue lo que acabo con El Financiero: Al final, el director se convirtió en un lastre para el periódico. Había fallecido don Rogelio Cárdenas y había fallecido su hijo Cárdenas Sarmiento. El periódico fue llevado a la quiebra por una mala administración económica y periodística por el director, Alejandro Ramos. A principios de los noventa, decido salirme del periódico. Hacerme independiente y dedicarme al periodismo de Investigación.

A partir de ahí José Martínez comienza un éxodo por el norte del país. Fue así que inicia amistad con el legendario periodista Jesús Blancornelas:

Ya antes había pedido permiso en El Financiero para irme a Torreón, Coahuila para dirigir el diario La Opinión, ahora del grupo Milenio. Me voy al norte, como dice la canción y me toca formar a un grupo importante de periodistas. Luego me voy a Nuevo Laredo ahí encabezó otro proyecto. Empiezo a frecuentar Tijuana pues al salir de El Financiero comienzo a colaborar en el semanario Zeta con Jesús Blancornelas. Desde mis inicios como periodista le tenía mucho afecto y respeto a don Jesús. Nos hicimos muy buenos amigos. Cuando iba a Tijuana pasaba a visitarlo. Recuerdo una ocasión, a finales de los ochenta, varias comidas con Jesús y Carlos Monsiváis. Ya en los noventa tuve una relación muy estrecha con Jesús Blancornelas, me apoyo muchísimo para hacer mi investigación sobre El Profesor Carlos Hank González que culminó con un libro.

Huella de esa relación son los cariñosos prólogos que el periodista tijuanense escribe en los distintos libros de José Martínez.

No lo platiques, escríbelo.

Con siete lustros dándole a la tecla, usted debe de tener ya una definición sobre lo que es el periodismo. ¿Para usted que es el periodismo?
El periodismo es un servicio social, es una vocación. Quienes discuten si es una profesión o un oficio se la pasarán debatiendo. Lo que sí es el periodismo es que es un compromiso, una vocación de servicio al país. Es una cuestión de ética. Es una cuestión personal. El periodismo no solamente es un trabajo, no solamente es una necesidad de ver y narrar o contar las cosas sino también de testificar.

Y si le pido una definición de periodismo y le añado el apellido “mexicano”. ¿Qué me puede decir?
No puedo calificarlo de bueno o malo, sencillamente no puedo. El periodismo mexicano es complejo porque desde su origen, El Periodismo ha sido un instrumento de los movimientos sociales, se ha nutrido de los movimientos sociales que han transformado al país. Desde la Independencia y todos los ciclos históricos que ha atravesado el país, el periodismo ha sido un estandarte de los luchadores sociales, de los intelectuales.

Oiga, ¿cuáles son los vicios en los que incurre frecuentemente un periodista a la hora de hacer la chamba?
La autocensura, desde luego. Las prisas por escribir, escribir contra el tiempo es un gran defecto y una virtud a la vez. Escribir contra el tiempo te hace agudo, preciso en la redacción, en buscar distintas opiniones de un hecho, te hace encontrar el equilibrio informativo, es una virtud. Es un defecto, por ejemplo, cuando no se aprovecha todo el oficio y experiencia, cuando hay tan poco tiempo para la información de cualquier hecho. Hay un aforismo: No lo platiques, escríbelo.
Otro defecto es la ignorancia de los periodistas, su falta de conocimientos, su desinterés por estar al día, por leer, por escribir mejor.

Es usted un buen reportero y desde hace varios años mantiene una columna, en otras entrevistas que he realizado a distintos periodistas me han dicho que la columna es la culminación del reportero. ¿Para usted que es ser columnista?
Actualmente la columna esta muy devaluada y desprestigiada. Para mi la columna es un reflejo de lo peor lo mejor del periodismo mexicano. Actualmente el periodismo mexicano esta plagado de columnas, en lo general escritas por mercachifles que de la noche a la mañana se sienten y aparecen como columnistas. Hay un auge de la columna como género periodístico, sobretodo la política. En México cualquiera puede ser columnista y sin embargo no se ven, no veo a los grandes columnistas en la prensa mexicana. Ser columnista es hacer investigación, es reportear, es hacer y practicar el periodismo. Una columna no debe ser únicamente una opinión. Es un diálogo entre el periodista y el lector, en donde le informas un hecho y le das la información y los hallazgos de tu investigación para que él se forme una opinión. La opinión debe hacerla el lector, no el columnista.

¿Se puede ser columnista sin ser reportero?
Se puede pero la base de un buen columnista es hacer reportajes. Un buen columnista fue/es un buen reportero. Por ejemplo, Manuel Buendía era un excelente columnista, honraba a la columna política. Sus trabajos eran de lectura indispensable, no había político, intelectual o estudiante que no lo leyera a las primeras horas del día a don Manuel, a mi me sucedía eso. Después de Manuel Buendía no he leído a columnistas de ese nivel, de ése estirpe, claro, estaba José Luis Mejías, excelente columnista, Miguel Ángel Granados Chapa, y hubo otros que destacaron en su momento pero han sido intermitentes. Ejerzo la columna desde hace un tiempo pero mis columnas no son de opinión, me apoyo en datos duros, no ejerzo ninguna figura moral ni predico ni pido castigos ni aconsejo ni sugiero a políticos.
Por lo general, los columnistas tienen algunas carencias, entre ellas, la falta de cultura. Por ejemplo, si un estudiante hace una recopilación de las columnas de Manuel Buendía, en ellas va a leer un extenso bagaje de formas de escribir, de manejar el lenguaje, de palabras, de referencias históricas, referencias sobre libros, hechos, fechas, personajes, de todo. Verá a su vez, los recursos que tenía para atrapar al lector, la información que poseía y compartía. Verá que no son columnas de opinión, no hay opinión en las columnas de Buendía. Don Manuel ejercía como nadie el oficio. Se había formado como reportero de policía, como investigador, tenía un excelente archivo, tenía buenos contactos, sabía escribir bien. Ahora los columnistas se sienten vedetes, “líderes de opinión” que ahora se cuentan por miles y que participan en radio, televisión y prensa escrita, pero yo siento, es mi percepción, que todo esto es un gran negocio más que una vocación de servicio.

Oiga, ¿un periodista debe regirse bajo un código de ética propio o es el medio en dónde se desempeña quién se lo debe de imponer?
Es un asunto personal. Un código de ética en un medio o un diario es una para el dueño del medio y otro para el lector y para cada reportero es distinto el código de ética. Hay muy buenos chistes que ejemplifican sobre esto. Cuenta Julio Scherer: “lana que no te corrompa, tómala”. Es un asunto personal, cada quien asume su propio código de ética. No puede ser el mismo código para un reportero de El Universal que para un reportero de Reforma, o Proceso o el semanario Zeta.

¿Usted disfruta su trabajo?
Muchísimo, disfruto mi independencia. La libertad para hacer mis cosas, mis propias investigaciones.

Iconoclasta

En México el género de la biografía no es bien explotado, además no es del todo aceptado tanto por políticos como por los propios escritores. En otras partes de mundo como Estados Unidos, Francia, España, Italia, Alemania, Japón la biografía es un género que se cultiva pues en estos países periodistas y escritores recurren a la biografía no solo ara retratar a un personaje, sino a una circunstancia, a un país, a un periodo. Las biografías en estos países no solo versan sobre políticos, sino actores, pintores, escritores, intelectuales, cómicos, doctores, es decir, todo es biografiable.
Un par de ejemplos, durante los periodos presidenciales de George W. Bush se escribieron una veintena de biografías sobre él; una treintena de libros sobre sus errores como político y una cantidad igual sobre su función como presidente. En menor cantidad pero no por eso pocos libros se han escrito sobre Barack Obama. Lo mismo en Inglaterra con Anthony Blair o en Francia con Francois Mitterrand o Jacques Chirac.
En México la situación es distinta, todo personaje público desea ocultar sus huellas, su pasado. Descalifican a la biografía por el simple hecho de ser. Incluso ponen una serie de barreras para impedir que el periodista realice su trabajo.
            En ese sentido, José Martínez es un iconoclasta. Escribió una biografía sobre Carlos Hank González cuando éste era el poderoso Profesor. Don Jesús Blancornelas escribió al respecto: “Desgraciadamente, Hank González no acepto hablar con Martínez. Creo que le hubiera servido más hacerlo que guardar silencio a estas alturas de su vida cuando se aproxima el momento ineludible del juicio y la fuerza del poder se va desvaneciendo”. La biografía que Martínez escribió no solo es historiográfica, narra las corrupciones del poderoso político mexiquense, la impunidad de sus actos, la acumulación de poder y el enriquecimiento que no es inexplicable sino cínico a base del erario público. También exhibe a sus hijos, y expone ante el lector una serie de documentos en donde involucran a los vástagos de El Profesor en negocios de narcotráfico, documentos de investigaciones de la CIA. Sin embargo, Hank González no se decidió a conversar con el periodista:
  
Conocí a Carlos Hank superficialmente porque era una persona inaccesible. Él era accesible para sus amigos que lo adulaban y elogiaban. Yo me acerque a él como un reportero y nunca quiso una conversación frontal sobre toda la leyenda negra que había sobre él. Me atendió un par de ocasiones solamente y en ninguna quiso responder a mis preguntas.

Otro de los personajes icónicos que ha sido puesto bajo la lupa de Martínez es el empresario Carlos Slim. Nuevamente, el periodista tijuanense escribe sobre el trabajo de José: “Puntilloso hasta la pertinacia, José Martínez nos ofrece otra excelente semblanza. Nadie ha realizado tal recuento como José. Ajeno a las pasiones propias de la política, resumidero muchas veces de enconos, falsedades y chapuzas. Este libro no solamente es rico en anécdotas desconocidas, también nos ofrece, en blanco y negro sucesos importantes en la vida nacional cercanamente relacionados con el señor Slim”.
José explica sobre la biografía de tan peculiar personaje:
   
Carlos Slim es un personaje que sin ser un político es una figura pública, es uno de los diez hombres más poderosos del mundo, como Warren Buffet, Bill Gates, el presidente de Estados Unidos, el presidente de Rusia, el de Francia, el de Japón, es decir, ese es su nivel. Calos Slim es un personaje con muchas facetas. Es un personaje poliédrico por donde le quieras ver. Al investigar al personaje y al hacer mi libro sobre él, escribí un epígrafe que le ha de haber molestado. El epígrafe es de Aristóteles y dice: “Que no haya hombres tan ricos que puedan comprar hombres. Ni hombres tan pobres que tengan que venderse”. Slim es uno de los grandes personajes de México del que se han escrito muchas leyendas, desde que es socio de Carlos Salinas, de que es un genio, o un Rey Midas, o un erudito del baseball y no. Carlos Slim es un hombre moderno que rompió muchos paradigmas de la fama y el poder en México y en el mundo. Es admirado por la gente pobre a tal grado que le pide autógrafos y lo ven como un rockstar. O también puede ser abuchado en una universidad de Estados Unidos porque le hacen una campaña negra allá. Slim es otro personajazo.

Personajes icónicos, lo dicho. El primero, una especie de Vitto Corleone en su versión mexicana; el segundo, el citizen Kane mexicano; una tercera es revisada con riguroso escrutinio, Elba Esther Gordillo, la versión mexicana de Jimmy Hoffa. Otra vez Blancornelas sobre el trabajo de Martínez en este libro: “Ayer, hoy y mañana con Elba Esther hay materia prima para escribir. Pero el contenido de este libro es harto revelador. Ilustrativo. Tiene algo de cuaderno para párvulos y mucho de enciclopedia. Nunca antes nadie se adentro en los vericuetos de tan interesante trayectoria. José Martínez lo hace con esos ingredientes tan difíciles: amenidad, verdad, desapasionamiento. Vuelca, además, opiniones encontradas de periodistas reconocidos. Referencias de repugnancia o simpatía. No escribió para ensuciar. Tampoco para limpiar”. Al respecto, José Martínez detalla sobre su personaje:

Elba Esther Gordillo es una reina en una jaula de oro que había tendido un cerco para que fuera inaccesible a los medios. Ella misma tenía una mala percepción de los medios, ella decía: “a los medios se les controla con dinero o con información”. Es una mujer que confronta a los periodistas, los desprecia, los descalifica, porque ella se sabía en un mar de corrupción. Todo lo que tocaba, lo corrompía. Varias veces me intente acercar a ella las mismas que me rehuía. Sus voceros la disculpaban. Sus colaboradores más cercanos la protegían, en fin, no me equivoque al haberla escogido como un personaje icono y haber escrito el primer libro sobre su vida, su obra y sus hechos.

Durante el gobierno foxista, José Martínez inicia una investigación sobre los malos manejos y corruptelas dentro de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, cuyo director era Jorge Velasco y Félix. Es así que escribe el libro Conaliteg-Vamos México. Corrupción de Estado. La investigación da a una entramada operación de un grupo de altos funcionarios, varios secretarios de Estado, para apoyar las causas políticas de una organización disfrazada de altruista y encabezada por Martha Sahagún, quien la utilizó como una plataforma para acumular poder y dinero y poniendo al frente de la noble institución a un funcionario que la corrompió hasta el fondo.
Don Jesús Blancornelas profundiza así: “Una puntillosa investigación de Martínez estremece y retrata fielmente en este libro. Es increíble la perversidad contra la Comisión. El autor nos ofrece nombres de cada uno de los actores en esta desgracia. También nos muestra pruebas de tanta podredumbre”. El periodista Carlos Ramírez escribió también un prólogo en donde enfatiza: “El oficio de reportero cumple su tarea cuando informa, cuando documenta, cuando aporta hechos. Martínez logra su cometido periodístico: revelar con pruebas un caso de corrupción que merece la atención de los lectores, de la sociedad y de las autoridades y lo hace con la valentía del periodismo del corto plazo, justo cuando los responsables están aún en el poder y por lo tanto sometidos a las reglas del control legislativo y de rendición social de cuentas”.
La investigación que inició Martínez sobre la Conaliteg fue ampliada con un segundo libro, La corrupción foxista. En donde prosigue y no quita el dedo en la llaga sobre la Conaliteg. Nuevamente personajes secretarios de Estado desfilan y son participes en distintos grados de corrupción. Pero un personaje se repite una y otra vez, el director de la Conaliteg. Sobre Jorge Velasco y Félix, José Martínez expone:
       
Jorge Velasco es símbolo de la corrupción, un hombre que su vida la ha hecho a base de traiciones pues tuvo la desfachatez de revelar en un libro que escribió al limón con Julio Scherer de cómo fue y se dieron los hechos para sacar a Scherer de Excélsior y cuál fue su papel en tales hechos, que fue encabezar al grupo que traicionó a Excélsior.

Prensa Negra es un libro que expone ejemplos de periodistas que denigran la noble profesión del periodismo y que están al servicio de grupos influyentes, que manipulan en su beneficio las bondades de la libertad de expresión al violar la intimidad, el honor y la imagen de las personas al actuar con impunidad y sin el menor ápice de ética. Martínez ahonda sobre los motivos de escribir éste libro:

Es un ejercicio de critica hacia los medios en México, sobretodo de la prensa corrupta que hay en el país, no solamente en el caso de Puebla, pues le podemos quitar el nombre de uno o dos personajes y los casos de corrupción se trasladan a Quintana Roo, Campeche, Tamaulipas, Jalisco, Michoacán, donde sea. El libro es un retrato. Lamentablemente tenemos una prensa negra en México por los intereses encontrados de grupos políticos que se apoyan en los medios para llenarse de basura.

No soy hagiógrafo

¿Por qué es importante Manuel Buendía?
Manuel Buendía es muy importante para los periodistas porque se convirtió en un ejemplo a seguir, un símbolo del periodismo. Por ejemplo, ningún obrero tenía una tribuna para denunciar los abusos de los que era objeto por parte de algún patrón. Buendía le brinda ese apoyo al obrero. Los líderes de la oposición, los estudiantes que no podían expresarse, que no tenían acceso a los medios de comunicación y que incluso los propios medios les pegaban, todos ellos sabían que Manuel Buendía estaba de su lado. Aquel que hacía una denuncia de corrupción o de un crimen por parte de algún cacique y que no contaban con el respaldo de la Justicia sabían que podían acudir a la tribuna de Buendía. Manuel Buendía era muy influyente, muy leído, muy querido, muy respetado. Un hombre comprometido. Un gran periodista. Modelo a seguir.

¿Y Julio Scherer García?
Es un gran periodista. Fue un excelente periodista, lo sigue siendo en su vejez. Una leyenda, un periodista legendario. Pienso que Julio Scherer se endioso, incurrió en una desproporción de su propia persona, por eso se le criticaba o se le critica: “Es el periodista que solamente habla con presidentes o con Dios”. Ha si se ha sentido. Cuando otros colegas le piden su opinión él se niega pues dice que “no concede entrevistas”. Entonces la posición que él asume es de un vedetismo con el cual yo no concuerdo. Ha cometido muchas infidencias en sus libros en las que incluso revela actos de corrupción deplorables en las que ha sido protagonista y las confiesa sin en el menor rubor como tratando de expiar culpas, aunque, hay que decirlo y reconocerlo, es un gran periodista.

¿Y que opinión le merece Carlos Denegri?
Carlos Denegri es la antítesis en lo moral y en lo ético de lo que debe de ser un periodista. Me parece que dejó una enorme escuela. Sirve para ejemplificar. No deberíamos permitir que periodistas corruptos sigan manejando los medios. Hay que dignificar el trabajo del periodista y mantenerse ahí. El periodismo es un compromiso, un trabajo muy noble. Muy gratificante. Para mala fortuna la ejercen en algunos casos personas sin escrúpulos.

Hay otro personaje del periodismo ¿Qué me dice de José Pagés Llergo?
Un hombre muy bien plantado que supo confrontar al poder desde el periodismo. Solidario. Apoyo a distintos periodistas. El caso de solidaridad con Julio Scherer es emblemático. José Pagés Llergo supo enriquecer al periodismo con mentes brillantes e inteligentes, de grandes pensadores en las revistas que él dirigió, sobre todo en la revista Siempre!

Otro personaje más, Jacobo Zabludowsky, ¿Qué me dice sobre él?
Sin duda Jacobo Zabludowsky es un gran periodista y Julio Scherer tenía razón cuando se refiere a él cuando dice: “Zabludowsky, me sirve como punto de referencia: vive la vida que desprecio”. Pienso que Zabludowsky es un gran símbolo de la manipulación de los medios, de la manipulación de la verdad a favor de causas inocuas, de la tergiversación de los hechos, de la corrupción ética dentro del periodismo mexicano y me parece que no lo debemos olvidar. A mi no se me olvida y a muchos periodistas no se les olvida y a mucha gente no se les olvida. Él fue parte del viejo régimen, del viejo sistema. El dueño de Televisa se decía soldado del presidente. Yo creo que Zabludowsky fue testaferro de varios presidentes.

¿Se puede vivir como free lance?
Sí, se puede. Con dificultades pero con mucha libertad, esa es la ventaja.

¿En que trabaja ahora?
Preparo varios libros, sobre corrupción, uno de ellos. Otro sobre la prensa mexicana en donde Julio Scherer sea el eje o la columna vertebral. Otro sobre el empresario regiomontano Ricardo Salinas Pliego. Y otros más.

José Martínez nuevamente se frota las manos. Un suave masaje. Tres colillas de cigarros quedan en el cenicero, huellas de ésta conversación. Celular al alcance de la mano, una tablet y una laptop. “No tengo twitter ni facebook, no me gusta hacer uso personal de las redes sociales”. Se despide “lo dejo joven, hay que darle al peligro”.






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