lunes, 8 de junio de 2015

Periodistas. Carlos Ramírez.

Carlos Ramírez, cuatro décadas caminando en el periodismo.
Abraham Gorostieta.


Carlos Ramírez ha sido reportero, columnista y director de distintos proyectos periodísticos. Su columna “Indicador Político” desde su aparición, a mediados de la década de los ochenta, captó la atención de innumerables lectores, ya sea por su estilo franco y sin miramientos, por la revelación de sucesos políticos antes inéditos, por su narración explicativa y contextualizada o por la invitación al análisis. También le ha generado severas críticas de los investigadores de la comunicación y el periodismo, como lo es el doctor Trejo Delarbre.
Ramírez ha trabajado y ha estado en contacto con los iconos del periodismo mexicano, José Pagés Llergo, Manuel Buendía y Julio Scherer. Sin titubear explica: “La disciplina es el método del columnista; si no, entonces el caos o el desorden lleva al columnista a escribir sin método y con alto grado de desatino”, hace una breve pausa y retoma la palabra: “Nada se compara con el acto de escribir una columna de análisis, de investigación, de interpretación o de información. Cuándo escribo tengo en cuenta tres cosas: los datos, las fases temáticas y el lenguaje”.
Se confiesa bibliófilo: “Todos los domingos voy a una librería a unos pasos de mi casa; los que atienden son mis amigos, platico con ellos de novedades y ellos me hacen recomendaciones. También, por lo menos una vez al mes voy a alguna librería de viejo; encuentro obras originales y sobre todo revistas fuera de circulación. Y trato –cuando me lo permite el tiempo- de ir al Péndulo, Gandhi, Fondo de Cultura y Sótano. En el año que ha terminado, regresé a tres temas de mi pasión: la literatura de la onda, literatura del existencialismo y novela de espionaje. Y siempre están los escritores o periodistas que lo estimulan a uno, para mí por ejemplo están: periodistas: Manuel Buendía; analistas: Gastón García Cantú, Cosío Villegas. Claro, ellos ya no están pero no pasa semana sin que relea sus textos. De escritores hay muchos; mis pasiones; Jean Paul Sartre, Malraux, Albert Camus, Vicente Leñero, Octavio Paz”.
Hace una pausa, sorbe su café y abunda: “Leo en mi despacho. Trato de leer una hora en la mañana y una hora en la tarde; los fines de semana dedico más tiempo. Leo de todo pero más me interesan el ensayo político, la literatura y ahora la historia del siglo XIX”.
La entrevista ocurre en un café en la librería Gandhi. El periodista almuerza: café americano, un par de bísquets con mantequilla y mermelada de fresa, unos huevos con abundante tocino y un sándwich. La charla comienza.

El jovencito

Nace en Oaxaca en 1951, años de bonanza para el país, pero en Oaxaca las cosas siempre son distintas. El presidente Alemán tenía un control absoluto de todo el aparato político, una de las vías para ejercerlo fue el descabezamiento de gobernadores y políticos, uno de ellos fue el general Edmundo Sánchez Cano, gobernador destituido por Alemán por haber apoyado a Rojo Gómez y no la candidatura del “tapado”. Desde entonces se usó la “Desaparición de poderes” que fue tan socorrida por los presidentes que le siguieron. En 1952, por órdenes de Presidencia, Manuel Mayoral Heredia fue sustituido por Manuel Cabrera. Así el presidente en funciones daba a entender su poca paciencia con los disidentes e indisciplinados y que más valía estar quietecitos para salir en la foto. Este era Oaxaca en la infancia del niño Ramírez.
Su familia, padre y abuelo eran políticos, el propio columnista recuerda: “Mi abuelo fue revolucionario, Emiliano Ramírez, padre. De Los Dorados de Pancho Villa. Tengo una foto donde esta con su traje de Dorado, él, a caballo” dice con orgullo y se le hincha el pecho y continúa: “Mi padre fue político del PRI, Emiliano Ramírez, hijo. Fue secretario general del PRI en Oaxaca”. Al hablar de sus antecesores, la mirada del columnista se ilumina, sus ojos miran a su propio pasado:

Yo fui muy pegado a mi padre, siempre junto a él. Somos seis hermanos. Con mi padre conocí a muchos políticos y él me llevaba a muchos eventos de organización. Entonces yo iba viendo como era realmente el poder. Como se operaba. Pienso que ahí aprendí política mexicana. Tenía yo catorce o quince años. Mi padre hizo un mal cálculo político en 1971, quiso ser diputado federal, así que metió todo, hasta lo que no tenía y perdió. Aceptó que no pudo, se retiró. Puso un restaurante en donde le fue muy bien y todos los políticos iban a comer y platicar con mi padre, que llegó hasta diputado local.

Don Emiliano Ramírez hijo se jugó su carrera política en la rápida gubernatura de Fernando Gómez Sandoval mientras el joven Carlos viajaba a la ciudad de México a iniciar sus estudios en la Universidad Iberoamericana, fundada en 1943 bajo el sistema universitario jesuita, en esa época, era una universidad para “niños bien” como dice Guadalupe Loaeza. En México esos años eran definitorios para todo estudiante universitario, el periodista lo recuerda así:

En 1968 yo vivía en Oaxaca. El movimiento estudiantil lo viví mientras estaba en la Preparatoria. En Oaxaca fueron muy bravos. Hubieron muchas movilizaciones. Intervino el Ejército. Pero yo vengo de una familia en donde mis padres me metieron bien en la cabeza que yo tenía que estudiar y bueno, yo estudiaba. Iba a una  marcha y después de un ratito me salía. No encontraba mucha practicidad. Entonces no participé. El movimiento estudiantil del 68 lo vi pasar. Llegando a la ciudad de México, estando en la Ibero, vi pasar también el Halconazo del 71.

Se reconoce como un mal estudiante: “En 1972, decidí dejar la carrera de Administración de Empresas. Me gustaban mucho algunas materias como Derecho Constitucional, Economía y Administración. Contabilidad era mi coco. Me parece que la carrera me gustaba a medias y fui abandonando la atención de mis estudios en el segundo año. Reprobé la mitad de las materias. En ese año deje la carrera. No la iba a terminar y cada vez más y con mucha fuerza me jalaba el periodismo.
Y era fácil ser seducido por el periodismo sí el seductor era don Manuel Buendía, Ramírez narra: “Me concentraba más en la oficina de un amigo que era periodista y ahí me contrataron para hacer reportes de las noticias de los diarios o de boletines. Mi amigo periodista me enseñó a redactar notas. Lo hacia unas horas. Pero reafirme ahí lo que quise ser y soy: periodista”.
Don Manuel lo instaba a no dejar los estudios, pero la juventud siempre impone sus tiempos: “Hice el intento de inscribirme en la Septién pero el horario no me daba. Hice ahí un curso por correspondencia que hicieron Vicente Leñero y Carlos Marín. No era en ese entonces alguien con disciplina, también lo dejé”, relata con cierto dejo de nostalgia don Carlos. Su desayuno desapareció de la mesa.

El maestro y el pupilo
Su primer trabajo es en 1972, en El Heraldo de México, el periódico anticomunista de la familia Alarcón, cuyos accionistas eran Manuel Espinosa Yglesias, Carlos Trouyet y Raúl Bailleres[i]. De tintes conservadores, el director de El Heraldo siempre se mostró servil ante el presidente, en especial con Gustavo Díaz Ordaz, a quién puso al periódico a su disposición y con el cual tuvo un interesante carteo donde sin rubores comprometía la línea editorial a las órdenes del mandatario[ii]. El papel que jugó el diario, como muchos de su época, reflejaron el sincretismo que había entonces entre la prensa y el poder sexenal, sobretodo en el año de 1968[iii]. Desde su fundación, El Heraldo entró con fuerza a la capital y para hacerse pronto de reporteros, los sueldos que ofrecía eran altos.
El periodista recuerda: “Busqué trabajo en El Heraldo de México y para fortuna mía me dieron una plaza de redactor haciendo notas de relleno que sacaba de los boletines. Cómo ya lo había hecho antes, me fue muy fácil hacer mi trabajo y entonces tenía mucho tiempo libre que ocupaba en leer libros sobre periodismo y sobre narrativa”.
El joven Carlos aprendió el oficio de la mano de don Manuel Buendía pues tenía una relación personal periodística y familiar con el periodista:

Mi padre y don Manuel se conocieron en los cincuenta. Mi padre era líder de los camioneros en Oaxaca y Buendía era reportero de La Prensa en la fuente policiaca. Había un comandante de la Dirección Federal de Seguridad que era de Oaxaca y mi padre lo visitaba mucho, platicaban. Y ahí se conocieron mi padre y don Manuel. Se hicieron compadres. Cuando llego a México él era mi tutor. Él quería que yo siguiera estudiando pero yo decidí ser periodista, cuando vio que estaba decidido entonces empezó a darme consejos. Dos de ellos: Leer todos los días todos los periódicos. Es un acto de disciplina que te forma, te informa y te da tablas. El otro: Leer literatura con el objetivo de aprender a escribir bien y tener buena escritura en el periodismo. Entonces cuando estaba de redactor, en los ratos muertos yo leía de todo, en desorden, pero de todo. Me fijaba con manejaban el lenguaje los escritores. En El Heraldo de México estuve año y medio y tendría 23 años. Me leí todo el existencialismo: Camus, Sartre, Simone de Beauvoir que era mi adoración. La Historia Francesa. Leía narrativa mexicana: Carlos Fuentes, Poniatowska, en esos años descubrí la literatura de La Onda y me atrapó –mantengo aún un debate con René Avilés y con José Agustín de que para mí si existió una literatura de La Onda, y ellos, dicen que no-, así aprendí a escribir mejor.

Sin embargo, y a pesar que el 3 de octubre de 1968, El Heraldo en su editorial, no comento los acontecimientos de la Plaza de las Tres Culturas y sí recalcó la versión conspiratoria oficial del gobierno, en ese diario escribían grandes periodistas como Luis Suárez quién se manifestó en diversos tonos y momentos en franca discrepancia con las versiones del gobierno sobre los estudiantes. Cabe decir, también, que el departamento de fotografía de El Heraldo, fue uno de los que mejor registraron los sucesos de esa época. De alguna forma, el periódico tenía su encanto. El columnista rememora:
  
Yo no tenía ninguna capacidad. El Heraldo me abrió las puertas. Además de que sabía redactar notas de boletines. El Heraldo, después del 68 entró en una dinámica de ruptura interna. Los Alarcón, que eran los dueños, tenían pánico de que les crearán un sindicato. Entonces cada seis meses se corría un rumor de que se iba a formar un sindicato. ¡Orale! Van 20 reporteros para afuera. Entonces en una de esas veces, cuando ocupaban gente que mínimo no tuviera faltas de ortografía –no es que yo no las tuviera, las tenía de seguro-, y que supiera que era un párrafo, y el orden de las ideas en un enunciado pues era suficiente. Entró de redactor y en seis meses me tocaron dos éxodos. Salen un montón de reporteros y los que acabábamos de llegar nos hicieron reporteros de planta-suplentes. Luego vino otro éxodo y nos hicieron reporteros titulares de fuente. A los siete meses que entré a trabajar estaba yo cubriendo Presidencia. Híjoles, reconozco toda la arbitrariedad que hubo entonces.
              
El periodista frunce el seño y recuerda un poco de quienes formaban la redacción de El Heraldo: “Joaquín López Dóriga era de los gallones, él cubría la fuente Financiera y era el suplente de Jacobo en Televisa. Estaba también Leopoldo Mendivíl que cubría la fuente de Presidencia”. Pide un café más, igual, americano. Y concluye: “Salí de El Heraldo porque yo quería hacer periodismo político”.

Don Enrique Ramírez y Ramírez

El joven reportero, Carlos Ramírez, quería hacer periodismo político, así que empezó a tocar puertas, una de ellas fue la de Reforma 18, “En Excélsior se hacía periodismo de denuncia. De los periódicos que yo veía que hacían muy buen periodismo político era El Día, de Enrique Ramírez y Ramírez.”, explica don Carlos, su característico cabello, su mirada atrás de sus anteojos, se pierden de nuevo en el tiempo:

Durante los siete meses que espere entrar en El Día hice un intento de ingresar a Excélsior. Me recibió Julio Scherer y me dijo: “Usted no tiene experiencia y aquí necesitamos a gente muy experimentada, pero sígale, sígale que va bien. Si usted tiene la misma pasión, venga a verme en unos años y seguro aquí habrá un lugar para usted”.

El periódico El Día surgió de las cenizas de lo que fue el periódico El Popular, que en su origen fue de la inicial Confederación de Trabajadores Mexicanos y después del partido fundado por don Vicente Lombardo Toledano. Pero El Día fue un periódico muy importante en varios sentidos, uno de ellos fue el de expresar las ambigüedades y contradicciones de la izquierda mexicana[iv] en ese entonces. Desde su origen, el diario dependió de la publicidad oficial del poder público y de los sectores afiliados o adosados al PRI. El periodista Miguel Ángel Granados Chapa explica que El Día “durante sus primeros seis años, a falta de otras expresiones en la prensa cotidiana, suscitó la esperanza de sectores de la naciente clase media ilustrada que aprendía o enseñaba en las universidades de un diario que propugnara el progreso social y la libertad política, El Día mostraba una amplitud analítica y una riqueza informativa que de haberse trasladado al ámbito nacional hubiera contribuido a la evolución social y política como lo hicieron luego otros órganos de prensa”.
El Día nació en 1961 y su director fue don Enrique Ramírez y Ramírez, un viejo ex militante comunista y que al puro estilo de Lombardo Toledano hizo famosa la frase de “hay que hacer la revolución desde adentro”, y pronto se dejó cooptar “por el Sistema”, pues antes de fundar el diario, ya militaba en el PRI, y llego a ser diputado y hasta gobernador. Ramírez y Ramírez fue una gran amigo del presidente Adolfo López Mateos quién apoyó a El Día, pues gracias al subsidió oficial, este diario no se preocupó por la publicidad y restó importancia a las páginas de sociales. Su sección internacional fue de las mejores de la época. Su suplemento cultural  y su página diaria de cultura alcanzaron tintes brillantes, sobretodo cuando fue comandada por Arturo Cantú.
Fundadora del diario y directora de su suplemento cultural El Gallo ilustrado, María Luisa Mendoza nos da una estampa del director del diario: “Enrique Ramírez y Ramírez  fue un gran director. Me enseñó mucho, lo quise mucho a don Enrique, y nos hicimos muy buenos cuates. Iba yo a su casa, a las fiestas, a todo. Fundamos un gran periódico hecho por periodistas y ahí estaba Rodolfo Dorantes que fue otro de los grandes periodistas, Luis Sánchez Arriola, excelente periodista, Alberto Beltrán. Siendo directora del El Gallo, tuve la suerte de llevar a los escritores de La mafia como se llamaban entonces, y escribían en primera plana y mis amigos pintores hacían las portadas, y El Gallo fue uno de los grandes suplementos”[v].
Don Carlos Ramírez tiene su propia lectura: “En el 68 y los años que le siguieron El Día se abrió a los estudiantes, a la izquierda, a los sindicatos. Fui a hablar con don Enrique y me dijo que sí, que trabajaría en El Día, pero que el periódico era una cooperativa y que tendría que esperar unos meses a que me llamara. A los siete meses estaba trabajando ya en El Día”. Se sonríe, un poco, y abunda:

En El Día había muchos asilados, muchos intelectuales y me hice amigo de todos ellos. Me platicaban sus aventuras, me recomendaban lecturas. En 1976 murió José Revueltas. Me enviaron a hacer la nota. Y yo conocía toda la obra de Revueltas. Sobre todo las infidencias de él y el Partido Comunista. Entonces hago la nota y también, una crónica muy larga donde meto ciertas infidencias de Revueltas. Lo hice a propósito. El principal instigador de Revueltas fue Ramírez y Ramírez. Soltaba una infidencia y metía una anécdota y luego le echaba la culpa a Antonio Rodríguez. Entregué mis textos al hijo de don Enrique, que era el subdirector, Leonardo, que era muy mi amigo. Leyó el texto y me habló. Decidimos quitar la parte de su padre. Yo quería seguir escribiendo en El Día. Fuera de eso nunca se metieron en mis textos.

Siendo reportero de El Día, en 1975 sucedió la visita Santiago Carrillo, dirigente del Partido Comunista Español. El joven Carlos, lector voraz, era aficionado a la revista Cambio 16, así que le fue muy fácil entender la transición española. Le hizo una entrevista a Carrillo y se llevó las ocho. Fueron varias portadas que el joven Carlos ganó. Pero los ciclos se cierran y en El Día, el ciclo llegaba a su fin. El ahora importante columnista recuerda:

Estando en El Día llega el Golpe a Excélsior. Meses después, yo también cubría temas educativos y el jefe de prensa de la SEP del primer año de López Portillo era un ex reportero de El Día, Julio Tovar, que trabajaba con Muñoz Ledo. Fui a platicar con Julio Tovar y ahí coincidí con el reportero de la fuente educativa de Proceso que era Carlos Marín. Ahí nos hicimos cuates y él me jala a Proceso. Federico Gómez Pombo que cubría Finanzas y Empresas se fue de vacaciones, yo lo suplí y me quede después ya en esa fuente. Haciendo periodismo económico juntándolo a veces con el político.

Y el joven Carlos, trabaja ya en Proceso, dirigida por el legendario don Julio.

Don Julio Scherer García

El columnista habla con las manos, las junta, las lleva, las trae, junta las puntas de sus dedos y presiona, con el dedo índice golpea un poco la mesa, hay pasión en todo lo que dice. El tema: Scherer García. No es para menos. En el libro, Los presidentes, el decano del periodismo mexicano, don Julio, da testimonio sobre el buen trabajo que ejercía el joven reportero. “Basado en una investigación de funcionarios de Programación y Presupuesto, el 25 de agosto de 1981, publicó Proceso un reportaje de Carlos Ramírez que exhibía sin atenuantes el desorden y la corrupción que imperaban en Petróleos Mexicanos. El trabajo (de Ramírez) provocó un escándalo. Era la primera vez que desde un sector del gobierno se descalificaba a Jorge Díaz Serrano, amigo de todas las confianzas del Presidente de la República. López Portillo encaró el asunto en términos absolutos. No tenía caso de hablar de una tarea periodística, mucho menos de la libertad de expresión. Condenó por principio los excesos de Proceso…”[vi].
Sentado frente a la cámara, don Carlos abunda:  

Estuve siete años en Proceso. Al principio fue una etapa de una libertad amplia. Empezaba la revista y mis reportajes eran muy bien aceptados, dos de ellos fueron duros golpes a la revista: en el 81 uno provocó la primera pérdida de publicidad, un documento que yo conseguí de Programación y Presupuesto contra Pemex, es decir, De la Madrid contra Díaz Serrano. Se armó un escándalo. López Portillo se enojó y mandó a llamar a Scherer y se acabó la publicidad.

Su café debe estar frío, no importa, a él parece no importarle y lo sorbe como si el agua quemara. El periodista sigue hablando sobre su etapa en Proceso:

Me gustaba mucho mi trabajo. Me dedicaba exclusivamente a mi trabajo. Vivía en Proceso. Entonces empecé a subir el escalafón profesional en la revista. Primero fui Jefe de Información de Cisa, luego subdirector de Cisa y luego subdirector de Información de Proceso. Ahí empezaron las broncas y conflictos con Scherer: Porque él tomaba decisiones y yo le decía “No es por ahí”. Hubo un choque, por algún tema y es que Scherer siempre quería imponer su punto de vista y no era así. Yo como jefe de reporteros tenía que darles la cara y decirles a  los muchachos: “es que Julio ya no los cambió”. Pero pienso que también había que hacer lo que los reporteros decían. Me harté y renuncié. El ambiente era muy tenso. Fue decisión mía”.

Se le pide una estampa sobre don Julio. Que en unos cuantos trazos lo pinté. Don Carlos se toma un pequeño tiempo y habla:

Scherer era muy apasionado. Nunca tuve una confianza personal pero Scherer era muy amigable. Pero yo viví cosas con él que son comprobables de esa forma perversa de ser  de Scherer. Pero cuando empezaba el trato en el 77 no hubo diferencias incluso, Scherer fue testigo de mi boda. Scherer es de pasiones. O estás con él o en su contra. Es un gran reportero, un gran periodista. Le aprendí mucho. Tienes una nota y hay que perseguirla como perro de presa. Una caja de ideas es Scherer. Era el alma de las juntas en la redacción de Proceso. Obsesivo con las notas. (Y don Carlos trata de imitar la mirada y la vos de don Julio) “Carlos, ya consiguió el documento, envié un reportero, que le dijo Carlos, Carlos enséñeme los primeros párrafos…” Obsesivo, a veces no dejaba respirar. Su oficina siempre abierta.

En 1983, una nueva firma comienza a aparecer en la revista Siempre!, la del ya experimentado periodista Carlos Ramírez: “En el cambio de gobierno me abren un espacio José Pagés en su revista, me manda a llamar. Supe después que Manuel Buendía le había dicho que se fijara en mí”, confiesa el columnista.

Don Manuel Buendía

El periodista sigue hablando con pasión, esta vez el tema es Manuel Buendía. Don Carlos elige un recuerdo y lo cuenta:

Nos reuníamos a comer con Manuel Buendía, Oscar Hinojosa, Miguel Ángel Sánchez de Armas, Alejandro Ramos y yo. Buendía era muy tolerante con nosotros que éramos rebeldes, críticos, antisistemicos. Y don Manuel nos escuchaba y nos escuchaba. Duramos muchos años en este grupito. Yo veía a don Manuel todos los fines de semana. Llegaba a su casa los viernes y me quedaba a dormir en ella. Manuel era un tipazo, muy amigo, muy cariñoso, muy gracioso. Era muy estricto. Me decía: mantén tu nivel, tu ritmo y tu calidad. Me prestaba muchos libros, que no se los devolví.

En 1984 matan a Manuel Buendía. “Para mí fue brutal. Estaba en mi casa en Villacoapa. Suena mi teléfono y era Francisco Gómez Maza y me dice: le dispararon a Manuel. Me fui directo a la Federal. Ahí estaba Lolita, su esposa”, rememora el autor de Indicador Político. Con un dejo de nostalgia el autor de la leída columna cuenta de su relación con don Manuel:

Conmigo era muy cálido, me sentí huérfano profesionalmente. Había veces en las que yo escribía pensando en que él lo iba a leer. Nunca le mande mis cosas. Cuando había algo que le gustaba de lo que escribía me llamaba. No me planteé como objetivo hacer mía la investigación del asesinato. Era muy difícil hacerlo. De lo que yo conocí a Manuel y sobre la investigación tengo mis dudas, no me cuadran ciertos datos. Ciertos hechos. Y este ha sido mi discusión con los amigos de Manuel. Por ejemplo, dicen que Zorilla lo mató. Yo creo que Zorrilla no lo mató, lo que si hizo es que operó para el encubrimiento del asesino. Zorrilla lo sabe. Yo tuve acceso a él, platicamos, y ahí le dije que él sabía quien lo había asesinado y porque. Se quedo callado.

Pero el asesinato de Buendía es un tema que ha obsesionado a don Carlos, no falta en el tema en sus columnas. “Para mí el columnista más influyente en México ha sido Manuel Buendía” dice tajante. Personaje que a la par lo obsesiona periodísticamente es José Antonio Zorilla, el columnista explica:

Hice una investigación sobre la caída de Zorrilla, primero en la Dirección Federal de Seguridad y luego en la diputación, se llama La guerra de los impíos. Zorrilla rompe con la CIA y se va con el servicio secreto de la Alemania Democrática que era mucho mejor que la KGB. Yo supe de esto por un par de reportajes que aparecen en The New York Times. Yo empiezo a investigar por mi cuenta y busco a Zorrilla, donde lo cuestione, por ejemplo, en ¿qué dijo la CIA cuando supo que obtuvo otros entrenamientos? Se pusieron furiosos, contesta. ¿A dónde te fuiste? Al Spasic. Y así. Hice una muy buena investigación también sobre los periodistas que habían dado ese par de reportajes, supe que su fuente fue Gavin y salió el libro Operación Gavin.

El columnista retiene en su memoria al laureado periodista: “A don Manuel le aprendí esa parte de hacer periodismo en temas de seguridad nacional. Yo pensaba que haciendo estas investigaciones iba a dar –algún día- con el nombre de un jefe de la CIA. Pero un gran número de periodistas le aprendimos mucho a Manuel Buendía. Que era un detective”.

Toma y daka: Columnismo mexicano

El columnista Manuel Buendía, definía: “El periodista es un ser social activo. Puede decirse que en alguna medida ejerce un liderazgo social. Aún no proponiéndoselo, el periodista influye sobre las circunstancias, los hechos y las conductas políticas, sociales y económicas de su país. Chesterton definió al periodista como ‘el hombre que se quedo sin profesión’. Lo que en nuestro lenguaje podría traducirse como ‘aprendiz de todo y oficial de nada’. En fin, es acertado cuando se diga o imagine respecto a que la formación del periodista es interminable”[vii], y hacia una reflexión: “Pienso que los periodistas somos muy dados a la autocomplacencia y muy poco a la autocrítica; y desde luego, la sola posibilidad de que otros nos enjuicien nos parece una ofensa intolerable. Me parece que los tres males del periodismo mexicano son la impunidad, la solemnidad y la mediocridad”[viii].

-¿Qué se necesita para ser un buen columnista?
- Yo creo que para ser un buen columnista se necesita pasión, información, lectura, estilo de redacción y el uso del lenguaje con las exigencias de un escritor. Hay que tomar el columnismo como una fase de especialización pero sin abandonar la pasión del reportero. Aunque puede llegar a pensarse que escribir una columna periodística diaria puede ser tedioso, incluso fastidioso para mí la escritura de la columna diaria no es un fastidio sino un trabajo apasionante; trato de que cada columna diaria tenga un enfoque novedoso.

-¿Cuál es su metodología? ¿Cómo escoge el tema?
- La hora que acostumbro a escribir es al medio día, aunque a veces, cuando los asuntos políticos se retrasan escribo por la tarde. Lo hago en mi despacho, en mi casa. Tengo dos formas de escoger el tema de mi columna diaria: los temas de la coyuntura que ameritan atención pero sobre los cuales a lo largo de los días voy acumulando datos y los temas que quieren poner una nueva forma de interpretarlos. Un columnista reportea su tema como si fuera nota exclusiva. Escojo el tema, selecciono el enfoque, acumulo datos, hablo con políticos y fuentes y colegas. Antes de escribir, en un block de hojas amarillas rayadas hago el esquema.

-Según Carlos Ramírez, ¿qué elementos debe tener una columna periodística?
- Nada se compara con el acto de escribir una columna de análisis, de investigación, de interpretación o de información. En la escritura de una columna, no puede ser de solitarios el hecho de escribir sobre la realidad social; a veces, sobre la marcha, llamo por teléfono para precisar datos o para confirmar otros, y a veces para comentar con algún otro colega columnista el tema. Creo que la verdadera columna no es la del politólogo o el escritor sino la del reportero; el columnismo es una fase superior del reporterismo; la columna debe tener datos de la realidad, exclusivos y del momento. El columnismo de opinión sí inhibe al reportero; pero el reportero por sí mismo, en la fase de columnista, es un reportero en acción. Manuel Buendía, por ejemplo, era el prototipo del columnista: reportero y analista. Defino mi escritura en una columna como periodística, de reportero. Cuándo escribo tengo en cuenta tres cosas: los datos, las fases temáticas y el lenguaje.

-¿Qué es lo que apasiona del columnismo? ¿Cómo inició esta aventura?
- El acto de analizar la realidad política es lo que más me gusta de ser columnista. Añoro los tiempos pasados de la política cuando era menos tensa. Manuel Buendía me propuso escribir una columna; yo escogí, cuando era reportero, escribir una columna semanal en Proceso, luego una semanal en El Financiero y en 1990 una diaria. Cuando escribía una vez a la semana, también era reportero. Las semanales yo las propuse; la diaria me la pidieron don Rogelio Cárdenas, su hijo Rogelio Cárdenas y Alejandro Ramos en El Financiero. Indicador Político es el nombre de mi columna, es un juego de palabras sobre mi formación como periodista financiero; los indicadores son los indicios; mi columna semanal en El Financiero se llamaba “Indicadores” y sólo la hice en singular y le puse el apellido político a recomendación de Alejandro Ramos. Las letras en negritas –creo- lo tomé de Manuel Buendía.

- Por lo general, los columnistas no piden disculpas.
- Los columnistas no piden disculpas, pero deberían. No perdemos nada. Lo que pasa es que las cartas aclaratorias son agresivas. Cuando hay una carta aclaratoria, no la contesto directamente porque suele ser un abuso de poder; pido que la publiquen íntegra. Y luego, días o semanas después, confirmo datos y vuelvo sobre el tema. Las cartas aclaratorias para mí son el derecho de réplica de los afectados y no deben tener la interferencia de la contra réplica inmediata.

-¿Existen los columnistas influyentes?
- Para mí el columnista más influyente fue Manuel Buendía. Luego otros han llegado a fijar alguna parte de la agenda: Miguel Ángel Granados Chapa, Raymundo Riva Palacio, Ricardo Alemán, Jorge Fernández Menéndez, Julio Hernández, entre otros. El sistema político se diversificó al grado de que ya no hay alguien que sea el “más influyente”.

-¿Se encierra a la hora de escribir? ¿Cómo es su espacio, su escritorio, su biblioteca?
- No soy neurótico a la hora de escribir ni me aíslo. Atiendo desde asuntos domésticos hasta consultas filosóficas; no me molesta que me interrumpan. Tengo siempre prendida la televisión en noticieros y el internet en páginas de periódicos; a veces interrumpo un párrafo para echarle un ojo a las noticias del momento. El teléfono y el celular son indispensables; muchas veces me llaman para darme algún dato o un comentario; no me puedo desconectar del mundo. Escribo solo. No hay mascotas cerca de mí cuando escribo. En el despacho de mi casa hay un ventanal que da a un pequeño jardín; cumplo así con la recomendación de Cicerón: “si junto a tu biblioteca tienes un jardín, no te faltará nada”. En mi escritorio procuro tener un vaso de agua. Me gusta la música clásica y el jazz, sin preferencias, lo escucho como caiga.

Estudioso de la Prensa mexicana, el doctor Trejo Delarbre reflexiona: “Las columnas políticas son uno de los géneros más proclives a desbaratar cualquier colección de principios éticos en la prensa. Habiendo sido concebidas como un espacio para que el lector, merced al oficio inquisitivo de un periodista enterado y privilegiado, pudiera asomarse a los entretelones del poder, las columnas en ocasiones se desvirtuaron hasta alcanzar, en algunos casos una influencia que sólo corre paralela a la irresponsabilidad de algunos de sus autores. En otros casos, nuestra prensa tiene columnas que llegan a ser tomadas como oráculos. Como divertimento, pueden ser entretenidas. El problema con ese tipo de columnismo se encuentra, por un lado, en el tono pontificador que llegan a asumir sus autores, erigidos en patriarcas y profetas pero con frecuencia actuando en realidad como correveidiles de intereses e interesados que nunca hacen explícitos. Por otro lado, ese tipo de columnismo a menudo hace las afirmaciones más atrevidas, acusa, señala, intriga y asegura, muchas veces sin pruebas”[ix].  
            El periodista Manuel Buendía explicaba: “Si todo oficio tiene sus pequeños secretos, el de columnista no es la excepción. El más interesante de esos secretos se llama archivo. Para todo buen reportero es importante poseerlo, pero un columnista simplemente estaría perdido sin archivo. Creo que la diferencia de un columnista de éxito y otro que apenas sobrevive se encuentra en dos elementos de trabajo: las fuentes de información y el archivo. El columnista que se representa a sí mismo y no necesariamente expresa la política editorial de un periódico, ofrece a los lectores la alternativa de la artesanía personal, dentro de un panorama de informaciones que los usos de la sociedad industrial despersonalizan cada vez más. Lo cierto –y lo grave- es que el columnismo representa una polarización de poder. Es un poder dentro del cuarto poder. Hay aquí un fenómeno en el que vale la pena profundizar”[x]
El trabajo como columnista de Carlos Ramírez, uno de los columnistas más influyentes durante varias décadas, ha sido puesto bajo la lupa. Dos trabajos, que por su seriedad deben tomarse en cuenta para este trabajo, que versan sobre el periodismo ejercido por don Carlos Ramírez. El primero, de Julián Andrade Jardí, “La prensa, el poder y el señor Ramírez”, aparecido en la revista Etcétera, primera época, uno de sus planteamientos es que cierto tipo de columnismo político, alcanzó éxito por dos motivos: uno, se beneficia del atraso de una cultura política en la sociedad y el gusto de ésta por el morbo y las reflexiones a modo. Y dos, la lectura apresurada que propician –a través de la forma, las frases, los párrafos breves, resaltando en letras negritas vocablos tajantes o nombres propios- permite que los lectores recuerden cuando alguna de ellas acierta en sus pronósticos, de la misma manera que olvidan las muchas de las veces que no aciertan.
El segundo trabajo es del doctor Trejo Delarbre, quien en 1997 hace una dura crítica al columnista: “Uno de los periodistas que más abusan de la difamación y la mentira, es Carlos Ramírez, colaborador de El Financiero y cuya columna se reproduce en una considerable cantidad de diarios en todo el país. El fenómeno que esa columna significa, ameritaría un estudio más detenido. Aquí únicamente la mencionamos como parte de un síndrome más amplio, del cual forma parte. Su éxito, solo puede explicarse en vista del contexto de desconfianza y animosidades que ha campeado en el escenario público y en las apreciaciones que la sociedad tiene respecto  de quienes actúan en él. El mencionado columnista practica un estilo del cual no ha sido autor, ni el único recreador, pero del cual, en los años recientes ha sido uno de los exponentes más representativos. Se trata de un columnismo que pocas veces ofrece datos específicos y, menos aún, da a conocer las fuentes de sus afirmaciones. Lo que publica, esencialmente, son versiones acerca de presuntas motivaciones de lo que hacen y dejan de hacer los personajes en el poder político y sus periferias. Con frecuencia incurre en afirmaciones equivocadas, o falsas, pero casi nunca se toma la molestia de corregir”[xi].


Don Rogelio Cárdenas
 
El experimentado reportero Carlos Ramirez, escribía en la revista Siempre!, sin embargo buscaba más espacio en los grandes medios. Fue así que llega a El universal en 1984: “Entró al El Universal y entré en un mal momento. Estaba muy imbuido en lo que era el nuevo periodismo norteamericano, es decir el periodismo de historia trabajada y de reconstrucción de hechos. Yo venía de la fuente financiera y me tocó toda la negociación de México con el FMI. Entonces mis notas reconstruían muy bien la historia de ese momento. A veces la nota estaba hasta el final de mis textos pero había una narrativa que no tenía en ese momento el periodismo mexicano. El periodismo mexicano era la nota objetiva o la nota informativa. No más, nada más. Y entonces era cosa de ver quien fue a tal lado, con quién habló, que habló, que negoció, en que momento, etc. En ese momento El Universal tenía muchos problemas, creo que tenía 18 sindicatos. Se creó mucha inestabilidad en el periódico y yo no me sentía a gusto. No me daban el espacio que yo quería. Entregaba mi nota al particular de Ealy Ortiz y aparecía tres o cuatro días después. Pero no estaba a gusto”.
En 1984 nace El Financiero, un diario que se especializaba en temas económicos, en momentos cuando no existían secciones de ese tipo en la prensa (unomásuno, tenía una sección tímida), y tampoco se había convertido en un elemento central y cotidiano de la vida mexicana. Encabezado por don Rogelio Cárdenas padre, sus brazos derecho, Rogelio Cárdenas Sarmiento, Sergio Sarmiento y Alejandro Ramos. En poco tiempo, debido a su postura sistemáticamente crítica, El Financiero se colocó como una importante referencia. El periodista Raymundo Riva Palacio explica: “la creación de una sección cultural alternativa a cargo de Víctor Roura y, sobre todo, la inclusión de una sección política con un combativo columnista como su eje, Carlos Ramírez, empezaron a hacer de éste un periódico que pese a las limitantes de su propio nombre, comenzaba a ser tomado en cuenta por las élites gobernantes”[xii]
El columnista recuerda: “Apareció El Financiero. Yo conocía la historia de ese periódico por Alejandro Ramos. Incluso me llamaban a las juntas e iba yo como amigo y me pedían opinión. Y en una de esas Alejandro me dijo vente para acá”.
De aquellos años, el periodista retiene en su mente:

El Barón era un tipazo. Generoso caballero maestro de periodismo. Era de los que llamaban al reportero y le decía: mira mijito, tu nota esta mal escrita, va así y así. Rogelio Cárdenas Sarmiento, su hijo, no tenía mucho movimiento, no podía caminar mucho por el enfisema. Cuando llegó yo al periódico Alejandro estaba muy agobiado. Porque Rogelio Cárdenas decía: no, Alejandro no puede faltar. Cuando llego yo, Alejandro me dice: tú me sustituyes. Me echa a Rogelio y le caigo bien. Y nos hicimos muy amigos.

Durante el salinato nace la columna Indicador Político, el periodista narra sobre el origen de su columna y la redacción del diario:

En los noventa sale lo de mi columna que me la pidió Rogelio y Alejandro: queremos una columna dominical. Y así empecé a hacer mi columna y cuando tenía dudas iba con Rogelio y me decía: pues dale por acá Carlos, métele esta narrativa, este enfoque, dale esta estructura, él era muy literario, como su padre. Estaba también Sergio Sarmiento, primo de Rogelio y él se encargaba del área de Opinión. En ese entonces nadie quería colaborar en El Financiero. Era un periódico que estaba lleno de boletines de bancos y de la bolsa. Sergio que tiene un buen ritmo de trabajo inventó colaboradores. Se la pasaba escribiendo y diciendo: éste va a ser colaborador de tendencia de izquierda. Éste otro de derecha. Y así. Entonces estaban tan bien armados sus textos que adquirían personalidad sus colaboradores fantasma y los lectores hablaban para reclamarle a tal o cual. Víctor Roura hacia cosas increíbles, se colocó ahí por sí mismo. Estaba un excelente periodista, José Martínez, periodista, editor, muy pulcro, muy bien formado, muy trabajador.  

En los noventa se abrió un espacio de intercambio entre un periódico de Estados Unidos y El Financiero. Este espacio consistía en que un periodista estadounidense trabajará por tres meses desde México y el periódico lo iba a integrar a todas las actividades del diario y, un periodista mexicano se iría tres meses allá. Rogelio y Alejandro decidieron que fuera Carlos Ramírez, él recuerda: “Yo no sabía hablar inglés, así que me puse a estudiar tres horas diarias durante tres meses en Interlingua y aprendí el idioma. Me fui un mes al Journal Commerce en Nueva York y dos meses a Los Angeles Times a la página editorial. Rogelio y Alejandro llegaron a la conclusión de que para la sucesión del 93 se necesitaba una sección política. Una vez creada la sección era necesario tener una columna política seria. Se decidió por Miguel Ángel Granados Chapa. Alejandro habló con Granados Chapa que estaba en La Jornada. Total que no se concretó. Rogelio dijo: vas tú y fui yo. Rogelio te convencía con una frase: hazlo de cuates. Así nació Indicador Político”.
No fue una decisión fácil, sin embargo El Financiero se la jugó, el periodista narra:

Cuando El Financiero da su viraje al periodismo político a Carlos Salinas se le dispararon sus antenitas. Manda a un personero a verme: Manuel Camacho. Me dice: Oye, el Presidente esta muy inquieto por el viraje que piensan dar. Habla con Rogelio, le dije. Y se fue a hablar con Rogelio. Rogelio –le dice Camacho-, el Presidente quiere saber si tu periódico se hace político. No, contesta Rogelio, Alejandro que quiere hacer una sección política y no me consultó pero solo eso –a Rogelio le funcionaba muy bien echarnos la culpa- y viene a dirigir la sección Granados Chapa. Camacho le dice a Rogelio, bueno, envíale una señal al Presidente. ¿Una señal?, contesta don Rogelio, pues no sabía, tu que lo ves diario, díselo por favor Manuel. Y así fue.

En El Financiero escribían todos, “los mejores y hasta Monsiváis”, dice socarron don Carlos y pronto abunda: “pero al nacer Reforma, El Financiero se fue desplumando y me quede solo. Me hablaron de El Universal y me fui, claro, primero hablé con Rogelio”.

Columnista galardonado

En 1993 don Carlos ganó el Premio Manuel Buendía que era otorgado por 25 Universidades Públicas. Era el Premio más importante después de El Nacional de Periodismo. El columnista narra: “Supe que Julio Scherer intentó bloquear que se me premiara pues los ganadores de un año eran parte del jurado del siguiente año. Y bueno, al siguiente año coincidimos Scherer y yo en el jurado y fue otro conflicto. Julio proponía a Vicente Leñero y yo, a pesar de mi cariño y admiración por Leñero, pues no veía que en ese momento mereciera el Manuel Buendía, yo a su vez propuse a Raymundo Riva Palacio. Tuvimos muchos choques en ese momento a tal grado que le dije que mejor le pusiéramos el Premio Julio Scherer. Total, Raymundo ganó el premio ese año”.
En 1997 fundó la revista La Crisis. “No fue una idea mía sino de Fernando Mendizaval que estaba en Editorial Posada. Me invitó a dirigirla y al año la quiso cerrar y yo se la pedí. Ahí tuve a mucha gente valiosísima, José Martínez uno de ellos a quien conocía desde El Financiero, un periodista muy puntilloso. Al genial Samuel Schmith, el grandioso Javier Ibarrola y mucha gente más, hasta Liébano Sáenz. Me fue bien y luego la intente hacer diario pero no funcionó”.
La columna de Carlos Ramírez llegó a El Universal y ahí permaneció por varios años hasta que se mudó a lo que fue El Independiente, el periódico de Carlos Ahumada que dirigía Javier Solórzano y Raymundo Riva Palacio. Al principio y en medio del escándalo ambos directores renunciaron respectivamente. El timón del diario lo tomó Carlos Ramírez, pero el periódico estaba herido de muerte, el proyecto bajo la dirección de Javier Ibarrola y Carlos Ramírez duro sólo diez días. Durante tres lustros, todo fue vertiginoso y los tiempos de la política nacional se impusieron a algunos medios. El periodista Ramírez analiza:  

Las reglas entre la prensa y el poder se rompen con Salinas. Él al decir, yo tengo la publicidad del Estado, por lo tanto, yo tengo el poder y yo decido y hace aquella famosa lista de 10 medios a los que consintió. Tuvo dos jefes de prensa que fueron Otto Granados y José Carreño Carlón que los que estamos en la prensa sabemos quienes son. Y Salinas se equivocó. Zedillo puso su “sana distancia” en todo incluido los medios. Fox estaba con Martha Sahagún quien repartió mucho dinero para publicidad al principio y luego castigo. Y los medios se dieron cuenta, todos, primero con Zedillo y luego con Fox de que no necesitaban más al Estado. Calderón creo una burbuja en la que sólo entraban unos cuántos.

El periodista esta orgulloso de sus proyectos, de éstos, siente satisfacción por sus libros: “He hecho algunos libros: Alicia en el país de las maravillas son mis reportajes publicados en Proceso que me valí de Lewis Carrol para tejerlos. Escribí otro sobre la Expropiación de la banca (La nacionalización de la Banca rectifica el rumbo del país), otro más sobre la devaluación del peso que hice junto con otros dos economistas (la devaluación), hice otro con Alejandro sobre los hijos de Lorna y otro con Alejandro Ramos y José Martínez sobre Salinas (Salinas, candidato a la crisis). Uno más sobre Joseph Marie Córdoba (El asesor incómodo), otro más sobre la sucesión (Cuando quisimos no pudimos), uno más sobre la APPO (La comuna de Oaxaca) y el último sobre Barak Obama (Obama). Los temas, ahora lo sé, es porque me interesa saber sobre el poder y quiénes lo detentan, muy al estilo de la Teoría de las Elites.  
Ganador del premio Manuel Buendía en 1993, de El Nacional de Periodismo en 1995-2001 y 2003, del Premio José Pagés Llergo 2000 y 2002, del Premio Micrófono de Oro 2005 y 2008, y del premio Victory Award 2013. El periodista sentencia: “El periodismo es el contacto con la vida real. Mi función como periodista es decirle a la gente: ves a este personaje, es así en realidad”, reflexiona un instante y ataja: “El periodismo es subjetivo, el dilema es entre la veracidad y mi verdad”. Platica sobre sus proyectos: 

Actualmente trabajo en un libro sobre Octavio Paz. Otro sobre los intelectuales. Carlos Fuentes, Monsiváis, etc. Cabrera Infante, Heberto Padilla. Sobre la Francia de los 50, Camus, Sartre. Hago un ensayo político sobre el sistema político mexicano.

Comienza a trabajar a las seis de la mañana con un café. “A esa hora hago una primera revisión de periódicos y columnas vía Ipad. Desayuno en la calle y a veces en la casa. Leo casi todos los diarios –tengo suscripción- para mantenerme informado: La JornadaMilenio, ExcélsiorEl FinancieroEl UniversalEl EconomistaReformaLa CrónicaLa Razón, 24 Horas; y diario consulto por internet El PaísEl Mundo y Público, de España. Además reviso la primera plana de The New York TimesThe Washington Post y New York Post. Leo a todos mis colegas columnistas; diría que leo alrededor de 20 columnas diarias y los leo con mucha atención porque tienen buenos datos y porque siempre ando revisando estilos para que mi trabajo no quede en la modorra de la comodidad. Siempre hay cosas que aprenderle a los colegas”.
El columnista se ha terminado su tercer café, la charla esta por concluir. Explica que se mantiene informado a través de programas noticiosos de radio, por ejemplo, Oscar Mario Beteta, Carlos Ramos Padilla, Joaquín López Dóriga, Jacobo Zabludovsky, Pepe Cárdenas y algún otro; que dedica tres horas diarias a encuentros con colegas, políticos y fuentes de información. “También hubo un tiempo en que desayunaba, comía y cenaba en los ‘comideros políticos’”.
Respira largo y profundo y concluye: “Quiero terminar los próximos 20 años de mi vida haciendo ensayos”.








  
         



[i] Prensa Vendida. Rafael Rodríguez Castañeda. Grijalbo.
[ii] La otra guerra secreta. Jacinto Rodríguez Munguía. Editorial Debate.
[iii] López Dóriga, el “reportero” y el poder. Revista Replicante. Entrevista con Joaquín López Dóriga.
[iv] “El Día” agónico vocero del pueblo mexicano. Revista Proceso. Miguel Ángel  Granados Chapa
[v] La China Mendoza y su amor por la vida. Revista Nexos 17 de marzo de 2015. Entrevista.
[vi] Los Presidentes. Julio Scherer García. Grijalbo.
[vii] Sólo es digno de llamarse libre quien cumple honestamente con sus responsabilidades: Buendía. Revista Mexicana de Comunicación Número 29. 
[viii] Idem
[ix] Periodismo: la ética elástica. Raúl Trejo Delarbre. Revista Nexos Número 211
[x] Sólo es digno de llamarse libre quien cumple honestamente con sus responsabilidades: Buendía. Revista Mexicana de Comunicación Número 29.
[xi] Volver a los medios. De la crítica a la ética. Raúl Trejo Delarbre. Editorial Cal y Arena.
[xii] La prensa en los jardines. Raymundo Riva Palacio. Editorial Plaza y Janés.

Empresarios. Mario Vázquez Raña

INI INI

El poderoso Mario Vázquez Raña
Abraham Gorostieta

La vida del empresario de medios mexicanos, Mario Vázquez Raña bien podría dar para un guión cinematográfico: un migrante español que llega a México mientras en Europa termina la Segunda Guerra Mundial, y que logra hacerse a si mismo un presente lleno de riqueza, lujo y gloria. Un hombre que se entrevistó con los personajes más notables del mundo. Hizo un imperio de las imprentas y la prensa. Hombre poderoso durante décadas. Cercano, cercanísimo al poder político amasó una enorme fortuna que durante sus últimos años mantuvo un perfil bajo más no discreto. Sus mejores tiempos habían pasado, lo sabía él.
El empresario, oriundo de Avión, en Ourense, España, se perpetuó por más de cuarenta años al frente de un exitoso conglomerado de medios. Aprovechó sus talentos deportivos y como nadie les sacó jugo. Hábil, talentoso y sagaz para los negocios los supo combinar muy bien con la gloria deportiva y la amistad cercana que tiene todo dueño de periódicos con gente empoderada. Para querer entender la Historia de la Prensa Mexicana del siglo XX es necesario echarle un vistazo a la biografía de este prototipo de empresario exitoso, mezcla de cacique y magnate.
El empresario amasó su fortuna a través del poder político, amigo de presidentes en función multiplicó los diarios de su propiedad como si fuesen panes.
El historiador Carl Carlyle creía que “la Historia del mundo es la biografía de los grandes hombres”, también creía que la Historia es una especie de Biblia que los “hombres deben descifrar y escribir, en la que también los escriben”. Durante siglo y medio diversas teorías y nuevas posturas han caído en forma de crítica sobre la afirmación del historiador escocés. Pero no es del todo sensato desestimar tal afirmación. Otro historiador, Enrique Krauze, sostiene que “hay historias y países que se ajustan a lo que formula Carlyle, y les queda como un traje a la medida. Uno de esos países, tal vez el más carlyleano de todos, es México”, sostiene el historiador.
Así, la biografía de Mario Vázquez Raña, su paso por la historia queda marcado por su hambre de riqueza, poder y éxito, común a todos los humanos, pero lo peculiar de este hombre es que supo estar en el lugar indicado, en el momento indicado, a la hora necesaria.

Una epopeya exitosa

El impacto de la Primera Gran Guerra sobre España implicó una insólita prosperidad económica, aunque tuvo su contrapartida en el recrudecimiento del problema social encarnado en una verdadera lucha abierta entre patronos y obreros. La inestabilidad política y los tropiezos gubernamentales tuvo como consecuencia el golpe de estado del general Primo de Rivera. Las primeras consecuencias de la crisis económica mundial debilitaron seriamente a la Dictadura. Primo de Rivera, considerándose desasistido por el estamento militar que le había apoyado para llegar al poder, presentó su renuncia al Rey y éste intentó restaurar la legalidad constitucional en tanto se experimentaba una enorme crecida de los sectores republicanos y socialistas quien en 1931, huyendo el Rey del país instalaron un gobierno provisional republicano.
Avión es un municipio de Ourense, España. Una tierra aislada entre montañas donde vivía don Venancio Vázquez Álvarez, patriarca de la familia Vázquez Raña. Matarife de oficio, don Venancio tenía una verdadera devoción por la poesía y la literatura. Lector aficionado de Gustavo Adolfo Becquer y Benito Pérez Galdós, también de Leopoldo Alas pero su verdadera pasión eran las lecturas de Unamuno, de Antonio y Manuel Machado, Azorín, Baroja y Valle-Inclán.
La crisis económica y social por las que atravesaba España no auguraba un futuro seguro. Don Venancio pensaba esto, recién casado, joven y con muchos deseos de triunfar decidió emigrar, así que pidió un préstamo a un vecino y se hizo a la mar. Su primer destino fue Venezuela y ahí permaneció varios meses en compañía de su mujer, ambos tenían puesta la mirada en esa promesa de nación llamada México.
Llegaron a México en los primeros meses de 1929 pero curiosamente no llegaron a la Ciudad de México, sino que decidieron instalarse en Chihuahua, dónde don Venancio consiguió trabajo como obrero en las minas. Entre 1929 y 1935 nacieron los primeros cuatro hijos de don Venancio: Aurelio, Apolinar, Mario y Sara. El patriarca de la familia estaba decidido a labrarse un mejor futuro. Trabajando muy duro, doblando turnos comenzó a ahorrar sin saber aún para qué.
Pero el presente no le pintaba bien a la Familia Vázquez, la madre de Mario enfermó y don Venancio envió a su esposa e hijos de nuevo a Galicia, meses antes de que estallara la Guerra Civil Española. Así, la familia fue separada por unos años, madre e hijos permanecieron en España. El padre, decidido a triplicar esfuerzos se dedicó a trabajar y solo a eso.
Los emigrantes se abrían paso en México a través de su esfuerzo y sudor. La mayoría de los emigrantes gallegos iniciaban sus negocios como “vendecuadros”, que era como se les llamaba comúnmente a los vendedores ambulantes que cargaban sobre sus espaldas láminas enmarcadas de uso decorativo y que se trasladaban por las calles de la capital. La mayoría conseguían establecerse con un pequeño negocio por lo general en el centro de la ciudad, casi siempre dedicado a la venta de muebles.
Don Venancio Vázquez llego a la capital mexicana en 1937 tras años muy duros de arduo trabajo como minero. En la ciudad de México don Venancio fue vendecuadros y ya en 1940 logró abrir una modesta mueblería que vendía casi todo a crédito, hasta el punto que el crédito terminaría por convertirse en la base principal del negocio.
Ya instalado don Venancio en la capital del país y con un nuevo y modesto negocio pudo ver el futuro prometedor. Eran los gloriosos cuarentas. Diego Rivera y Frida Kalho se casaban por segunda vez. Las medidas revolucionarias tomadas por el Tata Lázaro Cárdenas (reforma agraria, fortalecimiento obrero, educación socialista y expropiación petrolera) beneficiaban al pueblo y sumergían a México en la abundancia pero también despertaban una activa oposición por parte de terratenientes, patrones, clérigos y parte de la clase alta de las ciudades quien identificaban a Cárdenas como un peligro comunista. Esto dio fuga de capitales, las inversiones se contrajeron y sobretodo, se dio una fiebre especulativa de terrenos urbanos que aumentaban su precio de la noche a la mañana. En la ciudad de México se veían circular los lujosos autos importados como los Packards, Lincolns y Cadillacs.
En 1940 el país tenía 19 millones 600 mil habitantes, repartidos, fundamentalmente, en el campo y las ciudades del interior. Pero la ciudad de México era el centro de la vida nacional. Comenzaba a despuntar una tendencia cosmopolita, atrás quedaba la corriente mexicanista: las mujeres cultas colgaban los rebozos y los vestidos de tehuanas y dejaban de usar los chongos, lo cual significó el triunfo rotundo de los intelectuales como Alfonso Reyes y Los Contemporáneos que pasaron de la “oposición” al pleno poder en la llamada República de las Letras. Atrás quedaba el muralismo con todo y Siqueiros, Rivera u Orozco y tomaba fuerza Rufino Tamayo, Juan Soriano, Carlos Mérida y Pedro Coronel. En este mismo 1940 Malcolm Lowry abandonó el país en franca banca rota sin saber que ocho años después regresaría y le iría peor, eso sí, ya llevaba buena parte escrita de su novela Bajo el volcán. Y ya el joven José Revueltas escribía su primera obra Los muros de agua. En la revista Taller aparecían los ensayos y poemas de los jóvenes Efraín Huerta y Octavio Paz.
Con los ahorros de su trabajo, don Venancio Vázquez montó su negocio: una tienda de muebles para el hogar, con la bonanza de la década y con mucho esfuerzo propio, el patriarca se hizo también de un pequeño almacén en un barrio marginal de la capital. Así, de forma paulatina, el retorno de la familia del viejo continente se dio. La esposa de don Venancio primero, luego sus hijos, Aurelio, Sara y Apolinar. Mario fue el último en regresar, poco antes de 1950. Ya por entonces habían nacido Olegario y Abel.
Pero la infancia de Mario Vázquez Raña había sido en Galicia, en Avión. Cuando partió hacia México, el joven Mario tenía 13 años. No sabía expresarse en castellano, solo hablaba gallego. Su niñez la vivió con sus abuelos maternos y su trabajo consistía en estar al cuidado de vacas y de recolectar madera de los montes comunales de Avión.
Así, poco a poco la familia se fue adaptando a su nueva vida. En su pequeño negocio, los hijos de don Venancio se fueron forjando en carácter. Todos cooperaban en el negocio familiar. Los muchachos y niños trabajaban desde pequeños, alternando su labor con la escuela. Al comenzar la década de los cincuenta el futuro les sonreía a los Vázquez no sin traerles tragedias: los dos hijos mayores de don Venancio murieron prematuramente.
Durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines el pequeño local prosperó y fue creciendo hasta que ya en la década de los setenta, Almacenes Vázquez alcanzó dimensiones notables y cambió su nombre a Hermanos Vázquez.
Así fue como nació el Imperio de los Vázquez Raña. De un changarrito muy modesto y del crédito a las familias que aspiraban a la clase media. Del local comercial que se dedicaba a la venta de muebles a crédito y que pronto logró hacerse de un almacén y que también llegó a transformarse en una fábrica de hechura de muebles y que hoy en día es una cadena de tiendas exitosa. En una entrevista concedida por el magnate Mario Vázquez Raña al periodista Franjo Fernández Cid en noviembre de 1983 explica:

Todos mis hermanos -Aurelio, Apolinar, Mario, Olegario, Abel y la única hembra, Sarita- comenzamos a trabajar desde muy pequeños. Yo comencé a los 13 años, alternando con mis estudios de primaria, ya que tenía la ventaja de tener el colegio al lado del negocio.

El gran salto: Empresario de periódicos

La inquietud de Mario Vázquez Raña por los diarios y la prensa nace desde muy joven,  a la edad de 18 años fundó la revista, México en Guardia. La revista trata sobre temas diversos de política. Este fue el punto de arranque de este empresario mueblero adentrándose en el ámbito de los rotativos. Dueño de una cadena de diarios, El Sol de México, y de un diario muy popular La Prensa, además de cadenas de radio.   Sabiéndose un hombre exitoso y de poder supo cultivar lazos de amistad con los más destacados políticos tanto de México como del resto del continente americano. En entrevista con el periodista Franjo Fernández, Vázquez Raña se dice consciente de que “representa en su país a los medios de comunicación” y agrega: “con los medios que representó sirvo al pueblo mexicano y a mí Gobierno”.
Su nombre aparecía en la cabecera de todos y cada uno de los diarios -como presidente y director general de OEM-. Él mismo fue “reportero” y entrevistó a las más destacadas personalidades de la política mexicana y de América, Europa y Asia. Sus entrevistas se publicaron siempre a ocho columnas. Su trabajo “periodístico” ha sido recogido en el libro Diálogo con la Historia y que hasta ahora van tres volúmenes en donde el magnate conversó con 150 jefes de estado.
            El despegue de Mario Vázquez Raña es en el año de 1976, justo cuando el sexenio de su amigo personal, Luis Echeverría concluía. La primera intención financiera del joven Mario fue comprar una empresa de frigoríficos que pertenecía al Gobierno. Pero el Gobierno le advirtió que no estaba en venta. Lo que sí estaba a la venta era la cadena de Prensa El Sol de México, del coronel José García Valseca, que por aquel entonces tan sólo tenía 26 diarios. “Y la acabamos comprando”, comentó el magante al periodista Fernández Cid.
            La presencia de Luis Echeverría en la vida financiera de Mario Vázquez Raña ha estado presente en los hechos y en rumores. En los hechos: cuando el empresario mueblero adquirió la cadena de prensa El Sol de México, el saliente vocero de presidencial, Fausto Zapata, aparecía en el directorio de los diarios, incluso, cuando el secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia dejó su cargo, el magnate lo nombró director editorial de todos los soles. En los rumores: en aquellos tiempos se decía que Luis Echeverría, era socio de Vázquez Raña, además de amigo desde hacía muchos años.
En entrevista con Fernández Cid el propio Mario explica: “Cuando Echeverría se enteró de que yo estaba algo interesado en esta cadena de Prensa me invitó a conversar con él. Se limitó a animarme para que la comprara, pero nada más. La compré y me dediqué a sanearla y poco a poco la fuimos ampliando”, y agrega en la misma entrevista: “Tengo intereses también en la televisión y la radio de diferentes estados mexicanos”.
En 1965 el coronel José García Valseca fundó El Sol de México que se sumaba a la cadena periodística guiada por el mismo coronel desde 1941, fecha en que aparece el periódico Esto, primer diario rotográfico y en tabloide dedicado a la información deportiva bajo el auspicio de Maximino Ávila Camacho. En el inicio de la historia de El Sol de México, el diario mostró a través de sus páginas escritas, ser conservador y sobretodo anticomunista.
En 1969, Mario Santaella, dueño de La Prensa enfrentaba conflictos laborales en su diario. Entre varias cosas que los cooperativistas de La Prensa le reprochaban era su cercana, cercanísima relación con el dueño de los Soles, José García Valseca a quien definían como “un gángster del periodismo”. García Valseca era dueño en ese momento de una cadena de 26 diarios convirtiéndose en la más importante de ésta época, al grado que llego a tener más periódicos que el consorcio Hearts de Estados Unidos.
            Una estampa que define al coronel García Valseca la escribe Carlos Monsiváis en su libro A ustedes les consta:

El coronel García Valseca, el emperador del anticomunismo profesional, afirma en una fiesta de aniversario de El Sol de Puebla: “Y para mi no tiene precio la satisfacción de que en el sitio donde hace muchos años vendía empanadas de vigilia, hoy venda empanadas de cultura”.

El periodista yucateco, también gobernador de su estado natal, Carlos Loret de Mola murió en un accidente automovilístico en la carretera Toluca-Zihuatanejo dejando un libro inédito sobre el coronel García Valseca, su hijo Rafael Loret afirmó haber rescatado algunas cuartillas originales del libro Mi Coronel. La revista Proceso dio a conocer algunas de ellas en la que destacan ciertos párrafos:

Ha llegado a bordo de una limosina negra, más larga que la cuaresma. Junto al chofer viaja un ayudante, Manuel Vázquez, de ostentosa pistola. Otra 45  descansa sobre el brazo del asiento trasero derecho del vehículo; y al cinto, mal disimula un revólver 38 corto. En verdad no corre peligro; pero es de esos hombres que fueron a la revolución y que han adquirido relieve social y político significativos…
Los hilos de todos los periódicos y de las oficinas centrales capitalinas estaban en sus celosas manos. A nadie, nunca, le confió la totalidad de sus secretos. Quiénes les servíamos estábamos enterados de un área o de varias. Jamás del panorama general. En medio de un aparente caos, aquellos negocios progresaban. La prueba era el auge de su condición de magnate, y el equilibrio económico de las empresas, basado en un control estricto de los gastos. En cuanto uno de los periódicos comenzaba a producir, el Coronel se encargaba de girar documentos bancarios cuantiosos, mes a mes, contra su administración local, para cobrarle el servicio, renta de locales y maquinarias, y hasta honorarios de dirigentes nacionales de la empresa. La publicidad generada en el Distrito Federal para los diarios de provincia se quedaba, con uno u otro pretexto, en la caja de Bucareli 18, de dónde jamás salió a su lugar de generación…
El Coronel era un hombre del sistema político vigente en México. Un representativo de toda una generación de revolucionarios, presidencialista a fondo, leal al Ejército, criticón de los ministros, enemigo del ejido, fiel en el culto cívico a Calles y a Miguel Alemán, quien le profesó cordial y sincera admiración y auténtica amistad; pero como muchos de éstos hombres revolucionarios, admitía en una fracción de su espíritu cierta postura admirativa para algunos hombres de derecha, dictadores como modelos de la necesaria autoridad. Era autoritario y autoritarista.
     
A finales de 1973, el coronel García Valseca, manifestó su deseo de vender la cadena periodística que finalmente quedo en manos del gobierno, aunque figuraba el mismo coronel como director. El investigador Jacinto R. Munguía en el libro La otra guerra secreta documenta la historia. El investigador cuenta que García Valseca perdió sus diarios debido a las deudas adquiridas con el gobierno. El entonces presidente Luis Echeverría no perdonó las deudas y ordenó intervenir a través de la Sociedad Mexicana de Crédito (Somex) para quedarse con la cadena de diarios. En 1974 los diarios estaban bajo el control de un fideicomiso en el cual el gobierno era el socio mayoritario. Como agradecimiento y reconocimiento, el gobierno dejaría como presidente y director de los diarios al coronel García Valseca, aunque no por mucho tiempo.
A finales de ese mismo año, un grupo de inversionistas adquiriría la empresa. El grupo estaba formado por Mario Vázquez Raña como socio mayoritario –así como sus hermanos Olegario y Abel-, Juan Francisco Ealy Ortiz como presidente del Consejo de Administración, Fausto Zapata Loredo –encargado de comunicación social de la presidencia de Echeverría- y Francisco Javier Alejo, quienes junto con Mario Moya Palencia habían formado parte del gobierno de Luis Echeverría. Así, la cadena de diarios del coronel cambiaría de nombre y se llamaría Organización Editorial Mexicana. Munguía nos recuerda que “la operación de venta ocurrió en secreto, sin concurso público alguno”.
Entonces fue nombrado el periodista Benjamín Wong Castañeda como director general, pero el gusto no le duro mucho pues al dejar la secretaría de Gobernación, Mario Moya Palencia, gran amigo de Mario Vázquez Raña, fue nombrado como director general de toda la cadena de Organización Editorial Mexicana en marzo de 1977. La noticia apareció en primera plana en El Sol de México. Benjamín Wong renunciaba irrevocablemente “por así convenir a sus intereses personales”. También, en esos mismos días el diario informaba que el empresario Juan Francisco Ealy Ortiz dejaba la presidencia del Consejo de Administración para “dedicarse exclusivamente a El Universal”. Jacinto R. Munguía apunta que al mes del nombramiento de Moya Palencia como director general, un grupo de colaboradores renunció a las páginas editoriales del diario pues “en menos de dos meses de gestión de Moya Palencia fueron censurados o suprimidos unos cincuenta artículos entregados para su publicación” en El Sol de México.
En marzo de 2007, el periodista Jorge Fernández Menéndez, en su libro, Nadie supo nada, habla sobre el pleito que existía entre el presidente Echeverría y el empresario regiomontano Eugenio Garza Sada. Un pleito casi ideológico que era aderezado tras “la renuncia obligada” de Alfonso Martínez Domínguez, entonces regente del Distrito Federal, nuevoleonés de origen, después de la represión estudiantil del llamado Jueves de Corpus; la expulsión de la orden jesuita instalada en Monterrey en la pastoral ética del Tecnológico de Monterrey, por don Eugenio Garza Sada tras la única huelga que paralizó en su historia a la institución, dicha orden muy cercana al arzobispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, el “Obispo Rojo”, quien también apadrinó desde la Teología de la Liberación, al Frente Auténtico del Trabajo (FAT), que amenazaba al sindicalismo blanco de Monterrey lo cual desató una huelga en las empresas Cinsa y Cifunsa; y la imposición de Pedro Zorrilla Martínez, oriundo de Tamaulipas, como gobernador de Nuevo León.
Jorge Fernández nos recuerda que fue bajo la gestión de Zorrilla Martínez cuando se dieron las invasiones de tierras urbanas y las “huelgas locas”. Además, se crearon las condiciones para que floreciera en Monterrey una poderosa célula de la Liga 23 de Septiembre que terminó asesinando al empresario regiomontano.
Sumado a esto, se da el quiebre del periódico El Norte en donde don Alejandro Junco sale y se quedan sus dos hijos al frente de diario. Todo esto junto, eran las razones del pleito entre Garza Sada y Echeverría.
Amigo de don Eugenio Garza Sada era el coronel García Valseca, quien buscó al empresario y le informó que su poderosa cadena de diarios estaba a punto de ser intervenida por el gobierno federal debido a sus adeudos millonarios con PIPSA. Don Eugenio Garza Sada aprovecho la oportunidad para retar al presidente “cercano al socialismo”. El empresario juntaría el dinero suficiente –apoyado por el poderoso grupo Monterrey- para el rescate. A cambio, le pidió que le cediera el control de los diarios y colocar al frente de esa cadena al periodista Salvador Borrego.
Pronto Echeverría se enteró del interés del Grupo Monterrey en la Cadena García Valseca e hizo todo para que Mario Vázquez Raña quedara al frente de “Los Soles”. Don Eugenio Garza Sada aceleró el pago y todo estuvo a horas de consumarse. El atentado y asesinato en Monterrey, la mañana del 17 de septiembre de 1973, realizado por una célula de la Liga Comunista 23 de Septiembre, frenó el cierre de la operación. Todo esto, narrado en el libro Cómo García Valseca fundó y perdió 37 periódicos y cómo Eugenio Garza Sada trató de rescatarlos y perdió la vida, del periodista Salvador Borrego.
Jorge Fernández Menéndez en el libro Nadie Supo Nada: La Verdadera Historia del Asesinato de Eugenio Garza Sada, también rescata la historia, don Eugenio Garza Sada traía consigo ese día el cheque con el que rescataría la Cadena García Valseca.


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Sí García Valseca no pudo adquirir La Prensa, Mario Vázquez Raña sí lo hizo.
Durante los últimos años de la gestión del presidente Plutarco Elías Calles, los miembros de la compañía de Rotograbado fundan el diario La Prensa el 30 de agosto de 1928, el director general fue el periodista español Miguel Ordorica, siete años después y tras un cierre temporal de cinco meses los trabajadores decidieron echarlo andar pero esta vez como una cooperativa. En 1959 trece cooperativistas fueron expulsados. El director general gerente era Mario Santaella de la Cagija. Para entonces, el periodista Manuel Buendía hacia gala de su virtuosismo y de lo aguda de su pluma, hecho que molestó al gobierno quien aprovecho el descontento de los cooperativistas expulsados para prolongar el conflicto que duro varios años más, hasta la intervención del gobierno en 1961 a través de la Secretaría de Industria y Comercio cuyo titular era Raúl Salinas Lozano quien “impuso” la línea que debía seguir La Prensa. Así, Mario Santaella de la Cagija encabezó el diario con mayor tiraje y lectores en México. En 1992 el diario fue vendido a una sociedad anónima en 90 millones de dólares. Según el investigador Jacinto R. Munguía a los cooperativistas y trabajadores solo les habían repartido apenas unos dos millones de pesos.
En el mes de mayo de 1999, un grupo de ex cooperativistas de La Prensa entabló una demanda judicial (SC 2003/98) contra el Grupo Santillana–perteneciente al influyente grupo de medios español Prisa cuyo patriarca fue Jesús Polanco– por haber adquirido mediante argucias ilegales la propiedad de ese periódico. Los ex trabajadores argumentaron haber sido defraudados al desaparecer mediante “triquiñuelas” a la Sociedad Cooperativa, es decir, a la razón social, que amparaba a dicha publicación.
En 1993, el Grupo Santillana compró en 90 millones de dólares a Editora de Periódicos S.C.L. el 49 por ciento de las acciones del diario La Prensa. En esa transacción, el 51 por ciento de las acciones restantes estaban en poder del ex presidente de los banqueros y ex dueño del Banco del Atlántico, Carlos Abredop Dávila. Los ex trabajadores y cooperativistas no alcanzaron a comprender nunca como fue que los editores de El País y el ex banquero vendieron La Prensa a Mario Vázquez Raña en 60 millones de dólares tres años después.
En distintas entrevistas que ha dado el magnate de los medios impresos, Mario Vázquez Raña, ha dicho que sólo “por casualidad” es dueño de una de las cadenas periodísticas más grandes del mundo, es más, ha declarado que para él “el periodismo es un hobby”.
El empresario mucho antes de adquirir La Prensa, decidió separarse de forma amistosa  de la sociedad que mantenía con sus hermanos y establecer su propia empresa editorial, tras la compra de los periódicos de la Cadena Sol. Su hermano Apolinar continúa siendo socio en los negocios liderados por Olegario, mientras que Abel vendió sus acciones a sus hermanos y formó el entonces Grupo K2, dedicado, entre otras actividades, al mantenimiento de líneas e instalaciones telefónicas, y que también controla las firmas Muebles Briones, Tubos Briones y Briomica.
En 1986, Mario Vázquez Raña compró la agencia de noticias United Press International (UPI), una de las cinco grandes agencias de noticias internacionales. La empresa estaba en bancarrota por una deuda de 41 millones de dólares y la operación de sus salvamento se realizaba bajo supervisión del gobierno estadunidense. Vázquez Raña ofreció absorber la deuda e invertir otros 20 millones de dólares en capital de trabajo. En un cable transmitido por la UPI y publicado íntegramente por El Sol de México dio cuenta de esto. En el cable se da cuenta de que la OEM “consta de 71 diarios con un tiraje global de 2.1 millones de ejemplares”.
El hecho atrajo la mirada del diario estadunidense The New York Times que se entrevistó inmediatamente con el magnate. En la entrevista, Mario Vázquez Raña explica que el dinero para comprar la UPI no provenía de sus ganancias de la OEM sino de los cerca de 60 millones de dólares que obtuvo al vender a sus hermanos Olegario y Apolinar las acciones que le pertenecían dentro de la empresa mueblera Hermanos Vázquez.
En ese entonces, la UPI calculaba la fortuna personal del magnate en mil millones de dólares. El diario Washington Times buscó a su vez al empresario que aprovecho el foro para marcar una distancia que ya le molestaba:

-          Cuando Luis Echeverría llegó a la Presidencia, no me hizo ningún favor. Al contrario, yo le hice favores, muchos favores…
-          Se le acusa de haber comprado la cadena El Sol por encargo personal de Echeverría. (Pregunta del diario)
-          Eso es mentira. El gobierno aceptó mi oferta porque yo garanticé que pagaría todo el dinero que se debía. Luis Echeverría es mi amigo. No es uno de mis amigos más íntimos. Mi amigo más íntimo es el actual presidente Miguel de la Madrid. Pero Echeverría fue mi amigo y sigue siendo mi amigo… En los últimos diez años, mis periódicos no han mencionado el nombre de Luis Echeverría más de diez veces. Echeverría no ha tenido nunca ninguna participación aquí, ni siquiera de opinión… Mi primer error fue dar mano libre a Fausto Zapata para dirigir el lado editorial del periódico. Ese error dio lugar al rumor de que yo era un mero prestanombres de Echeverría… Cometí también el error de traer a mi amigo – que fue mi amigo, es mi amigo y seguirá siendo mi amigo- Mario Moya Palencia como director general de la OEM. Lo puse como director general porque yo no podía hacerlo todo. Pero ¿Qué pasa cuando entra Moya Palencia? Había sido secretario de Gobernación con Echeverría. Así que la gente dijo: Echeverría es el que controla a Vázquez Raña. Absoluta mentira.

Pero para Mario Vázquez Raña las cosas no iban bien en ese negocio. La compra se complicaba en Estados Unidos. La UPI perdió algunos de sus más importantes ejecutivos los cuales fueron cesados o renunciaron. También, clientes importantes como The New York Times, The Dallas Times Herald, The Denver Post, The Hartford Courant y el diario japonés Mainichi, entre otros dejaron de prescindir de los servicios noticiosos de la agencia.
Malcolm Huges, editor ejecutivo de la UPI que renunció explicó en una entrevista en el The New York Times: “Lo cierto es que UPI ha sufrido serias cancelaciones por parte de sus periódicos clientes. No sé si esto se debe a Vázquez Raña, a la calidad del servicio o a problemas económicos”. En el libro Prensa Vendida el periodista Rafael Rodríguez Castañeda abunda en la entrevista con Huges:

El presidente de cualquier organización noticiosa tiene derecho de consultar con el editor la política editorial, pero el editor es el que debe decidir a quién contrata o a quién despide. Yo estoy seguro de que los dueños del Time, por ejemplo, hacen sugerencias a sus editores, pero hasta ahí nomás. Ningún editor es tan arrogante como para suponer que lo sabe todo. Yo no hubiera tenido reparo en discutir la política editorial con el presidente Milton Benjamin e inclusive con Vázquez Raña y participar así en todo proceso de toma de decisiones, porque una vez que está tomada, a quien corresponde ponerla en práctica, cómo y con quién, es el editor. No pudo ser así en mi caso y por tanto renuncié en protesta por mis desacuerdos con Benjamin, que tiene toda la confianza de Vázquez Raña.

Para ese entonces la riqueza en materia periodística de Mario Vázquez Raña era de 70 diarios de la OEM, con una circulación global de 2.2 millones de ejemplares y un consumo anual de 75 mil toneladas de papel. Además del 97 por ciento del control de las acciones de la UPI, según informaba el propio magnate en sus diarios y agregaba: “En catorce de los periódicos pierdo dinero. ¿Por qué no los quitó? Porque a lo mejor con las ganancias de dos o tres cobró esa pérdida. Tengo unos 24 señores periódicos”.
Pero la aventura de la UPI no le resulto al magnate mexicano  
A finales del mes de enero de 1988 comenzó a circular el libro Down to the wire. UPI’s fight for suvirval de los ex reporteros de la UPI Gregory Gordon y Ron Cohen en donde relatan el fracaso de Vázquez Raña en esa aventura periodística:

Vázquez estaba empeñado en manejar UPI de la manera como había manejado su imperio mexicano, donde presumía de haber despedido a mil gerentes y centralizado el poder en un pequeño círculo. Ese tipo de medicina probó ser peligroso para UPI. Primero, si seguía despidiendo más ejecutivos crearía aún más confusión y descontrol en una compañía que necesitaba desesperadamente estabilidad. Segundo, el simplista acercamiento de la mano dura nunca había solucionado nada en la UPI, y menos lo haría ahora, cuando lo que necesitaba la UPI era volver a crecer…
Resucitar a la UPI hubiera desalentado aún a alguien con profundo conocimiento del periodismo norteamericano. Mario Vázquez Raña encontró la tarea imposible. No podía leer los periódicos o siquiera los cables de su agencia y se mostraba ignorante o apático ante las complejidades de tratar con los barones del periodismo norteamericano…
Hubo un enorme número de cancelaciones de servicios, algunas de ellas de clientes importantes. La UPI se vio obligada a cerrar oficinas internacionales y también en Estado Unidos. En enero de 1988 la compañía estaba virtualmente paralizada. Para colmo, el sindicato estaba presionando para que el magnate mexicano cumpliera su promesa de darle participación accionaria.

En el libro, también se explica que Vázquez Raña, desesperado, decidió aceptar el ofrecimiento que le había hecho Earl Brian: quedarse con UPI en calidad de “arrendatario”. Relevaría de las responsabilidades financieras al mexicano, pero no compartiría con él las utilidades. Pagaría las deudas sin que Vázquez Raña viera un quinto. El acuerdo aclaraba que si después de diez años, Brian no podía resusitar la agencia, el control podría regresar a Vázquez Raña. El 19 de febrero de 1989 se anunció la nueva transacción. La UPI pasó a control de una empresa recién creada por Brian, la World News Wire. En esta ocasión, Vázquez Raña perdió.
Otra estampa sobre Mario Vázquez Raña y su estilo de hacer negocios la conocimos en el mes de marzo de 2005. Una riña familiar entre los hermanos Vázquez Raña se hizo pública. Su hermano Olegario fue entrevistado por la periodista Carmen Aristegüi en su programa de radio Hoy por hoy en donde narró ciertas diferencias con su hermano Mario. En la entrevista Olegario negó los vínculos de sus empresas con el poder pues aseguró que “nunca he tenido un negocio político ni con ningún político, nunca he hecho un negocio que dependa de la política”. Sin embargo, la cercanía de los Vázquez Raña con el poder –en especial con Luis Echeverría- ha sido documentada en distintos libros.
Cuenta Olegario Vázquez Raña a la periodista:

Yo ya no me quiero meter más hondo, si no, voy a buscar problemas muy serios (risas) porque nosotros, cuando se compró la (Organización) Editorial Mexicana, en realidad creo que ahí se recibió cierta ayuda del gobierno del Presidente… Pero al año, don Mario Vázquez Raña dijo “el poder no se comparte y ustedes van pa’ fuera” y nos liquido nuestras participaciones como quiso, cuando quiso y los tres hermanos fuimos para afuera y él se quedo adentro. Entonces sí alguien recibió ayuda, pues nosotros no fuimos, desde luego queda clarísimo, ¿no?

Sabedor de su inmensa fortuna, Vázquez Raña utilizó al máximo sus periódicos como instrumentos de presión para apuntalar sus negocios y su proyección política. Al igual que el coronel José García Valseca, a Vázquez Raña –rodeado siempre de un séquito de guardaespaldas- nadie se le acercaba.

De regreso a las raíces

Avión es una tierra fantástica e irreal. Es un municipio de Ourense aislado entre montañas en donde la vida pasa lentamente y en donde la opulencia magnánima y la pobreza urgente conviven todos los días. El censo de 2012 dice que es un poblado de
2.804 habitantes. Pero es un censo de habitantes fantasmas. La mayoría de los lugareños no vive en el pueblo. Sus vecinos están diseminados por 32 aldeas mal comunicadas. No hay trabajo tampoco, salvo en alguna época cuando las minas de wolframio le dieron algún esplendor a la zona durante la Segunda Guerra Mundial. Avión en sí, es una aldea de fantasmas, por lo menos durante diez meses al año.
En los dos meses que dura el verano el pueblo se transforma.
Se sabe que los Vázquez Raña llegaron al pueblo porque su avión privado aterriza en el aeropuerto de Vigo procedente de México. De él irán descendiendo sus hijos y sus nietos, sus cocineros y sus guardaespaldas. Junto a la terminal, una flotilla de coches de lujo, todos ellos de su propiedad, les conducirán durante una hora llena de curvas hasta Avión.
En una crónica del reportero Pablo Ordaz, en el diario español El País  publicada en 2005 se nos describe la llegada de los Vázquez Raña a su tierra natal y su vida de lujos. Ordaz nos cuenta sobre la mansión de Mario o de su hermano Olegario. Cualquiera de las dos cuenta con un salón donde el primer domingo de agosto almuerzan 300 personas sentadas, y un garaje donde a estas horas aún hiberna una docena de vehículos de lujo, cuenta una vecina de los Vázquez Raña al reportero Ordaz y detalla: “Dos Mercedes 600 de color blanco, Ferraris, Porsches, deportivos de la marca BMW, y ese coche inglés tan elegante, Rolls-Royce”. Cuenta también –continúa la vecina describiendo- con una piscina con vistas, una cancha de tenis digna de Roland Garros y, sobre todo, un jardín en pendiente donde los setos gigantes son esculpidos durante todo el año por una empresa de jardinería.
Ordaz, en su espléndida crónica nos cuenta:

En Avión, en 2004 se matricularon un total de 108 Mercedes, 25 BMW y 12 Porsche Cayenne. Las casas de los Vázquez Raña son las más vistosas, pero no la únicas. Aquí y allá, sin orden estético ni concierto urbanístico, se levantan los chalés de los indianos, a cuál más ostentoso y con el garaje mejor surtido.
Pero entonces llega el verano y los Ferrari se despiertan. Es entonces cuando los 2.000 vecinos de Avión que aún viven en México regresan a su tierra por vacaciones. Será porque fueron más listos o porque tuvieron la suerte que se les negó a otros, lo cierto es que muchos de los que se fueron buscando fortuna terminaron encontrándola.
El resultado de todo aquello se puede ver en Avión en cuanto llega el buen tiempo. Hay un dato que habla por sí solo: durante 2004, el parque automovilístico del pueblo se enriqueció con 483 coches de lujo, que se registraron con matrícula turística, a la que sólo pueden acceder los residentes en el extranjero. El sistema tiene la ventaja de que el coche sale un 28% más barato (no se paga ni la matriculación ni el IVA). El inconveniente es que sólo puede circular durante seis meses, tras los cuales es precintado por Aduanas. Si bien en el caso de los indianos de Avión esto no es un incordio: “Los mexicanos”, así los llaman aquí, “sólo suelen venir en verano”.
Según datos de Automovilistas Europeos Asociados, el año pasado se matricularon en Avión con placa turística 108 Mercedes Benz E320; 25 BMW 320; 23 Audi A4; 12 PorscheCayenne Turbo... El 23% de los coches de lujo con matrícula turística de España están en Avión. “No sé la cifra exacta, pero aquí”, confirma el alcalde en funciones, “hay cientos de BMW y cientos de Mercedes”. Una flota parecida a la de Marbella o Niza.
Se trata del signo mayor de ostentación, de la forma socialmente convenida de decir sin palabras que todo sigue marchando a pedir de boca. Pero en Avión todo el mundo se conoce. Saben que la fortuna de los hermanos Vázquez Raña no tiene parangón. Olegario es el dueño de la red privada de hospitales más grande de México, y posee además hoteles, restaurantes, tiendas de muebles... Su hermano Mario es el “mero mero” -una expresión mexicana que quiere decir el gran jefe- de los medios de comunicación y una figura relevante del Comité Olímpico Internacional (COI).

Avión es un pueblo más, perdido entre las montañas de Ourense, pero no hay que dejarse engañar, este pueblito cuenta con seis bancos internacionales. Y durante los diez meses restantes del año decenas de albañiles trabajan todo el año para dejar exquisitas las casas de los aldeanos. También hay un pequeño ejército de vendedores de la Mercedes rondando durante el verano.
Pero cruzar el Atlántico es un gusto que se dan los Vázquez Raña –Mario, Olegario y Abel- en cualquier mes. En el periódico El Confidencial, en marzo de 2012, nos relata una de las tantas visitas de cualquiera de los hermanos:

Pasar menos de 48 horas en la vieja madre patria es algo natural para los millonarios Vázquez Raña. Y lo hacen con una agenda de lo más selecta y concurrida para tan breve espacio de tiempo…
En primer lugar, (Mario) pasó por despachar con el Rey Juan Carlos, con el que tuvo una audiencia privada para refrescar su relación de amistad, como demuestra la condecoración en 2009 a Mario Vázquez Raña con la Gran Cruz al Merito Civil. Lo primero es lo primero y nunca está de más pisar moqueta del Palacio Real.
A continuación, el empresario mexicano quedó a comer con el gran Isidoro Álvarez, el todopoderoso presidente de El Corte Inglés.
Ese miércoles, Real Madrid y Barcelona celebraban el partido de vuelta de su cruce en semifinales de la Copa del Rey. Y cómo no, Vázquez Raña tenía un hueco reservado en el palco del Santiago Bernabéu para un evento tan sonado, aunque lo hizo como invitado de Sandro Rosell, bien conectado con ese mercado, y no de Florentino Pérez.

Los Vázquez Raña siempre han estado muy cerca del PRI, dice un reportaje publicado por la agencia de noticias ANSA publicado en enero de 2006. Y también cercano a muchos presidentes, una parte del reportaje es la siguiente:

Tras el triunfo de Vicente Fox, se trajeron de vacaciones a Galicia al candidato “prisita” perdedor, Francisco Labastida, para que se curase las heridas de la derrota. En él habían invertido muchos millones de pesos.
Claro que también antes habían pasado por el pueblo orensano de Avión los presidentes José López Portillo y Ernesto Zedillo, ambos en visita privada, mantenida en secreto y cuando todavía estaban en el poder.
Los Vázquez Raña no suelen faltar a las fiestas del pueblo, a mediados de Agosto, por San Roque, ni tampoco por San Martiño, para asistir a los fastos domésticos que acompañan a la matanza del cerdo.

La ostentación de la riqueza es una de las normas para don Mario o sus hermanos. Quien lo conoció supo de sus gustos exquisitos en su vestir: telas especiales, ropa hecha a la medida y exclusiva. Cuenta el periodista Franjo Fernández Cid que el magnate “con su traje azul y su pelo rubio, desprende un aire de ejecutivo europeo. Habla con ese acentillo mexicano que poco tiene que ver con el idioma de sus antepasados. Se expresa con mil cuidados y delicadezas, como los hombres en los que pesa más, la razón que las emociones”. Los guardaespaldas que lo rodeaban todo el tiempo hacían casi imperceptible sus trajes por lo general con una delgada línea estilo inglés que se estampa en su vestido. Al acercarse la línea va tomando otra forma, la de un nombre que se repite al infinito: Mario Vázquez Raña, Mario Vázquez Raña, Mario Vázquez Raña, Mario Vázquez Raña…
Su cocinero personal tampoco se le despegaba. Autos lujosos, aviones privados, mansiones de sultanes. Dentro del folclor mexicano en el puerto de Acapulco un viaje en bote presume como atractivo turístico: “la mansión más grande de la costera, la que abarca dimensiones fantásticas y que al lado de ella las demás mansiones palidecen, es la de Vázquez Raña”. A Mario le gustaba llevar sobre la solapa de sus trajes un llamativo emblema olímpico de oro puro, que lo identifica con el deporte, otra de sus pasiones.   
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Al contrario de Carlos Slim, Mario Vázquez Raña no tenía el toque del rey Midas. Uno de sus grandes fracasos en negocios fue cuando se arriesgó, temerariamente, al rescate de PIPSA, empresa propiedad del Gobierno que abastecía de papel periódico a todos los medios escritos del país. Don Mario imaginó el poder que tendría si él controlaba el papel periódico que abastecía a los diarios del país, como lo hizo por muchos años el Secretario de Gobernación en turno. Pero don Mario erró, la pronta apertura del mercado, la disminución de precios y la facilidad para importar papel hizo del rescate de PIPSA un mal negocio.
Amigo de grandes figuras, el propio Slim frecuentaba su casa en Avion, a don Mario le gustaba estar rodeado de grandes figuras de las letras nacionales y latinoamericanas: García Márquez, Monsiváis, Fernando Benítez, entre otros. También le gustaba la compañía de don Julio Scherer, aunque Scherer  tuvo cierto desdén por el magnate.
A mediados del año 2010, una serie de cables del gobierno de Estados Unidos sobre la política interior de muchos países fueron dados a conocer por Julian Assange. Durante décadas, el gobierno de EUA estuvo interesado por los conflictos nacionales y la política interna de México. Embajadores estadounidenses servían como “espías” a su gobierno. Buscaban reuniones con personajes destacados de la vida política e intelectual y luego escribían reportes a sus gobiernos. El “caso Excélsior” fue de su interés.
El embajador John Jova buscó a don Julio en agosto de 1976, quería saber las impresiones y el futuro del periodista, una vez que fue echado del periódico Excélsior. En el cable 1976MEXICO10575_b, Jova refiere una conversación que sostuvo con Scherer En un domicilio particular. En el cable el embajador escribe: “Julio Scherer dice que en el curso del asunto de Excélsior su vida había sido amenazada”. Y busca aclarar de primera fuente, un rumor: Scherer se va a trabajar para El Sol, la cadena de periódicos propiedad de Mario Vázquez Raña y en la cual “el presidente Echeverría, tenemos buenas razones para creerlo, ha adquirido un gran interés”. Don Julio le confirma al embajador que Vázquez Raña le había hecho una oferta. Sobre la respuesta del periodista, el cable de Wikileaks dice: “La reacción de Scherer a la oferta, aparentemente hecha no mucho después de su despido, aún era emocional –‘Yo nunca haría eso. Yo nunca trabajaría para esas personas. No soy una prostituta’”. En la parte final, el diplomático estadunidense comenta sobre su propio juicio con respecto al periodista: “Scherer en este punto en particular no es un comentarista objetivo y es una persona emocional en cualquier momento”.
En el libro, Estos Años, Julio Scherer narra una estampa sobre don Mario:

Varias veces disfrutamos platillos chinos en uno de los comedores de su oficina en el tercer piso de las calles de Serapio Rendón, y alguna vez me propuso que trabajáramos juntos. El sitio donde nos reuníamos era peculiar, fresco hasta parecer al aire librey frente a grupos de animales enjaulados que a él lo divertían. Vázquez Raña no se da importancia, es alegre, simpático. A cada momento me indicaba que mirara los ojos de las pequeñas bestias, sus largas colas, su existencia rutinaria… Vázquez Raña me fue contando que es noticia donde quiera que se presente y que cuida su salud y su figura como un hombre de Estado. Fue así como me enteré que había importado de China a un médico, a un masajista y a un cocinero para que mantuvieran su bienestar físico en el punto más alto y la línea de su cuerpo en la excelencia.


Un deportista Forbes

Pasando la primera década del siglo XXI México fue sede de los Juegos Panamericanos. El evento deportivo lo inauguró y clausuró el empresario Mario Vázquez Raña quien fue reelecto por sexta ocasión en 2002 como presidente de la Asociación de Comités Olímpicos Nacionales (ACNO), misma que ocupó desde 1979 y cuyo mandato terminó en 2014.  También estuvo al frente de la Organización Deportiva Panamericana –lo estuvo durante tres décadas- y desde entonces fue “candidato único” y consiguió reelegirse por aclamación para el periodo 2012-2016, que no concluyó.
Como deportista su trayectoria fue fugaz: campeón nacional e internacional de tiró con arco en las olimpiadas del 68. De ahí en más ha sido directivo o presidente de distintos organismos deportivos nacionales e internacionales. Y como nadie, Mario Vázquez Raña, al frente del deporte mexicano, fue sobreviviente de ocho sexenios: Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto. En diversas entrevistas el propio Vázquez Raña dijo que tenía “una de las carreras olímpicas más ricas del mundo”.
Durante su vida “deportiva”, la revista Proceso ha documentado su permanencia  al frente del organismo rector del deporte en México. A través de declaraciones y entrevistas distintos adversarios de Vázquez Raña lo acusaron de “la compra de votos cuando es reelecto y, por supuesto, de las conciencias de una gran parte de los representantes de las federaciones deportivas que integran el Comité Olímpico Mexicano (COM). Cronistas deportivos –que cobran como ‘asesores’ del COM- han escrito a lo largo de más de treinta años que es reelecto por ‘aclamación’ de la Asamblea”. Y es que el COM opera al margen de la Ley pues ningún órgano lo regula.
Mario Vázquez Raña acumuló y tuvo múltiples cargos internacionales en la Organización Deportiva Panamericana, fue miembro del Comité Olímpico Internacional –cargo al que recientemente había renunciado-, vicepresidente de Solidaridad Olímpica y presidente del Comité Olímpico Mexicano.
Al frente de su gestión en la ACNO logró aumentar el número de 61 a 193 países afiliados al Comité Olímpico Internacional.
Dentro de las anécdotas que se cuentan en el deporte internacional esta la de la princesa de Inglaterra, Ana (Anne Elizabeth Alice Louise, hija de Isabel II), presidenta de la Asociación Olímpica de Inglaterra, quien no escondía su desdén por Vázquez Raña y llegó a sostener que el magnate utiliza fondos personales para financiar las operaciones de la ACNO para su beneficio personal. A principios de julio de 1991, en la víspera de su ingreso formal como miembro del Comité Olímpico Internacional, Vázquez Raña asistió a una cena en París en el castillo de Warmick, a la que asistieron los 350 miembros más importantes de “la familia” olímpica en el mundo. En tal reunión, la princesa Ana le pidió a su excelencia, el marqués Juan Antonio Samaranch, en ese entonces presidente del COI que se vetara el ingreso a Vázquez Raña debido a su mala fama y corruptor del deporte. La respuesta de Samaranch fue: “no hay forma de impedir su ingreso, es muy poderoso”.
Mario ocupó la presidencia honoraria y vitalicia del Comité Olímpico de México, un organismo al que también pertenece, en calidad de miembro permanente, su hermano Olegario, que, a su vez, figura como presidente del ISSF (International Shooting Sport Federation).  
            En entrevista con el periodista Fernández Cid, el propio Mario cuenta:

El deporte me ha dado parte de lo que me faltaba en la vida, pero lo cierto es que yo también le he dado mucho al deporte, no solamente al de mi país, y no hablo de dinero. Pero creo que todavía estoy en deuda con el deporte, pues parte de lo que soy hoy se lo debo a él, ya que la disciplina que adquirí como deportista me ayudó mucho en mi vida privada y comercial. Pero esto no se paga con dinero.

Y agrega:

Creo que mi contribución al país tiene su origen en el deporte, que me ha dado la oportunidad de hacer algo por mi gente; por mucho tiempo que yo le dedique, siempre seré un deudor del deporte. Y seguramente, cuando me muera, aún le seguiré debiendo algo.

Mario Vázquez Raña es una fotografía de cómo son y eran los empresarios mediáticos en la primera década del siglo XXI.  Murió a la edad de 82 años.







* Fotografías tomadas de la página de la OEM.